jueves 2 de abril de 2026
Editorial

Una caída preocupante

Resulta verdaderamente paradójico que un gobierno como el nacional, que utiliza tanto la palabra libertad, tenga una vinculación de tanta agresividad con el periodismo y por lo tanto amenazante para la libertad de prensa y de expresión.

Sería injusto generalizar, pero no puede omitirse que el Presidente de la Nación es quien más episodios de este tipo ha protagonizado, y como cabeza del Ejecutivo involucra con este tipo de comportamiento la imagen de todo el gobierno.

De modo que no asombra la caída de Argentina en la “Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2024, que confecciona la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF). Nuestro país ocupaba el puesto 40 sobre un total de 180 países el año pasado. Con la llegada del gobierno libertario cayó 26 puestos hasta ocupar el puesto número 66.

“La llegada al poder de Javier Milei, abiertamente hostil con la prensa, marca un nuevo y preocupante punto de inflexión para la garantía del derecho a la información en el país”, señala el informe de RSF. “El presidente de extrema derecha, elegido en 2023, alienta las agresiones a periodistas y los ataques para desacreditar a medios y reporteros críticos con su política. Sus partidarios lo difunden ampliamente”, manifiesta, para luego apuntar que el cierre de la agencia de noticias Télam representa “un duro golpe al derecho a la información” en la Argentina.

La postura crítica de la organización internacional se suma a las de ADEPA y FOPEA, que ya en varias oportunidades se han pronunciado respecto de esta actitud de hostilidad contra la prensa.

Cuando aún no tenía activa participación política, Milei tuvo una actitud de mucha agresividad contra una periodista salteña que cubría una conferencia suya en la localidad de Metán, en la provincia de Salta. Teresita Frías le pidió si podía explicar por qué el keynesianismo funcionó en los Estados Unidos desde el New Deal, pero no tuvo el mismo éxito con su aplicación en la Argentina. El economista la trató de “burra” y le dijo que él estaba “tratando de desasnarla”. “Me parece que hasta tenés problemas de comprensión (…) Tu problema es de soberbia porque no sabés un carajo y opinás de lo que no sabés”, agregó.

Desde entonces ha tenido fuertes encontronazos con numerosos comunicadores. Durante algún tiempo se consideraron estas conductas como resultantes de su personalidad y fuerte carácter, y en ese contexto hasta hubo intento de justificarlas por parte de su entorno o seguidores. Pero su llegada a la máxima magistratura de la Nación cambia diametralmente el enfoque. Ya no es solo su persona, su personalidad y su escasa capacidad para tolerar disensos respecto de sus posturas: ahora ejerce una posición institucional encumbrada y no es posible escindir al hombre de mal carácter del presidente de todos los argentinos.

Sería muy conveniente que este dato publicado por una organización de prestigio internacional tenga como utilidad inmediata un cambio de actitud del propio Javier Milei y de otros funcionarios que mantienen con la prensa una relación tirante y poco cordial.

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