Con un discurso que presenta la venta de alimentos próximos a vencer como un acto de responsabilidad ambiental, pues evita desecharlos y convertirlos en desperdicio, proliferan aplicaciones de este tipo en América Latina.
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Una cadena solidaria que se está rompiendo
En la Argentina de hoy, este modelo de negocios ha encontrado un terreno de expansión que no tiene parangón en la región. No tanto por la virtud ambiental de sus consumidores, sino por la dramática contracción del poder adquisitivo de la clase media, que busca desesperadamente alternativas para sostener su mesa. Al menos tres aplicaciones operan ya en el mercado nacional ofreciendo productos con fecha de vencimiento inminente a precios que pueden llegar a la mitad del valor habitual.
Durante años, los supermercados canalizaron sus excedentes y sus productos próximos a vencer hacia redes solidarias, como bancos de alimentos, organizaciones comunitarias, comedores barriales. Hoy esa cadena se está rompiendo.
Un informe reciente del diario.ar.com pone en evidencia lo que está ocurriendo con el Banco de Alimentos de la provincia de Córdoba, organismo que abastece a numerosas organizaciones y comedores de la región. Desde fines de 2025, la institución atraviesa una caída pronunciada en las donaciones provenientes de supermercados. La razón es que los comercios, antes dispuestos a ceder sus excedentes, han encontrado en estas plataformas digitales un canal de monetización. El resultado es impactante: donde antes se recolectaban quince bultos por sucursal, hoy se obtienen apenas cinco.
Los comedores comunitarios argentinos afrontan ahora, además del desfinanciamiento sistemático por parte del Estado nacional, esta nueva competencia por los excedentes alimentarios que antes llegaban por vía de la donación.
El beneficio, legítimo en su lógica individual, que obtiene la clase media empobrecida al acceder a alimentos con descuento, es el mismo que se le sustrae a quien subsiste gracias al plato del comedor.
Cabe señalar que emprendimientos similares existen en otros países latinoamericanos. Sin embargo, en ninguno de ellos el crecimiento ha sido tan acelerado ni tan marcadamente orientado hacia una clase media en proceso de pauperización como en la Argentina.
Un modelo de negocios que se presenta como solución al desperdicio y termina vaciando los bolsones que alimentan a los más vulnerables no es un modelo verde, sino uno que transfiere costos hacia quienes menos capacidad tienen de soportarlos.
En un contexto de crisis aguda, con comedores desfinanciados y con la red solidaria bajo una presión sin precedentes, corresponde al Estado nacional, a las provincias y a los municipios, hoy más que nunca, reforzar las partidas presupuestarias destinadas a la alimentación de los sectores más vulnerables.