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Homicidio

Una broma que terminó mal: "El imputado actuó con culpa y no con dolo"

Joaquín Zárate Acevedo fue hallado culpable por "homicidio culposo" y condenado a cuatro años y cuatro meses".

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13 de diciembre de 2021 - 23:29

Joaquín Zárate Acevedo (32) no había tenido intención de matar. Sí fue imprudente al haber manipulado un arma y causado la muerte de Juan de la Cruz Pacheco. Sucedió en la noche del 11 de abril del año pasado, durante la etapa más estricta de aislamiento por la pandemia de COVID-19. Zárate Acevedo y Pacheco, junto con otros amigos y conocidos habían compartido una cabeza guateada y bebidas etílicas. El joven quiso mostrar un arma calibre 32 largo, marca Colt. Tras una mala maniobra, causó la muerte de Pacheco. “Homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego, en calidad de autor” era la imputación por la que debía responder. Desde entonces se encuentra alojado en el Servicio Penitenciario Provincial, en Capayán.

A finales de noviembre, en la Cámara Penal de Segunda Nominación se llevó a cabo el debate. El Tribunal estuvo integrado por los jueces Luis Guillamondegui, Silvio Martoccia y Rodrigo Morabito. El Ministerio Público Fiscal fue representado por el fiscal Ezequiel Walther. La defensa fue ejercida por el abogado del foro local Roberto Mazzucco.

“Fue un accidente”, aseguraron los testigos. Ante estas declaraciones y las pruebas, el fiscal decidió cambiar la acusación por “homicidio culposo”. Zárate Acevedo fue condenado a la pena de cuatro años y cuatro meses.

En los fundamentos, los magistrados indicaron que el imputado, a raíz de maniobras groseramente imprudentes e irresponsables -al apuntar con un arma de fuego a corta distancia a modo de “broma” al resto de los comensales- disparó, creyendo que el arma estaba descargada. Esta acción, que le provocó la muerte a Pacheco, configura el delito de “homicidio culposo” y no el de “homicidio simple”, ya que no se pudo determinar el dolo homicida.

“En efecto, se encuentra acreditado el proceder culposo del imputado, que por negligencia –al no verificar o controlar debidamente el arma que empuñaba se encuentre completamente descargada-, y posteriormente haciendo caso omiso a las reiteradas advertencias, de manera manifiestamente imprudente, infantil e irresponsable, encontrándose tomando bebidas alcohólicas en compañía de terceros, comenzó a ‘jugar’ con el arma apuntándoles a todos los invitados; comportamiento que de modo alguno se compadecía con la conducta responsable, prudente y diligente que la situación requería en la manipulación de una arma de fuego, actividad riesgosa por su propia naturaleza”, detalló.

Además, advirtieron que obra con culpa consciente el sujeto activo que se representa el peligro pero valora falsamente la situación ya que imagina que éste no se concretará en el resultado. “La diferencia entre el dolo eventual y la culpa consciente o con previsión radica en que en ésta, aunque también existe representación del evento posible, el autor obra con la esperanza de que no se produzca. El imputado actuó con culpa y no con dolo”, destacaron.

“No pasa nada”

En detalle, los jueces valoraron que de acuerdo con el relato de los testigos, fue el anfitrión Zárate Acevedo quien invitó a la víctima Juan de la Cruz Pacheco a sumarse al encuentro. “Todos los declarantes son coherentes en afirmar que no hubo ningún tipo de discusión previa entre el imputado y la víctima que nos hagan suponer un móvil en pretender causarle algún tipo daño, sino que se trató de una reunión distendida y familiar”, resaltaron.

Los mismos testigos contaron que el imputado fue al automóvil, trajo una mochila y del interior de ésta sacó un arma. La mostró a los invitados que estaban sentados alrededor de una mesa. “Previamente ejecuta maniobras para descargar el arma y como era inexperto en el manejo de ésta, su tío es quien le enseña como quitar el seguro del tambor y caen tres cartuchos sobre la mesa. Luego de esta maniobra de descargar el arma y de ver caer tres balas a la mesa, el imputado, de manera negligente, no controló o verificó previamente que el arma, efectivamente, estuviese complemente descargada e imprudentemente. Comenzó a “jugar” con el arma, apuntándoles indiscriminadamente a todos, según deponen los testigos.

Consumada la tragedia, según los testigos, el imputado se agarró la cabeza, empezó a llorar y les decía “si el arma no tenía balas”. La pericia psicológica realizada al imputado acreditó el estrés postraumático vivenciado y de su personalidad inmadura que lleva a tomar riesgos sin dimensionar los riesgos de sus actos. “Estamos ante un delito de tipo culposo, pues, el imputado, conocedor -naturalmente- del poder ofensivo del arma que empuñaba, creyó o pudo creer –razonablemente- que el resultado no se iba a producir. Luego, imprudentemente, empuñó el arma ‘jugando’; les apuntaba al resto de los comensales a modo de broma y en un instante presiona el gatillo, dispara el arma, terminando con la vida de Juan de la Cruz Pacheco”, precisaron.

¿Qué es el "dolo"?

“Actúa con dolo directo quien ha querido el resultado como meta de su acción”, remarcaron.

El dolo eventual consiste en la previsión del resultado como posible. Sus presupuestos son la previsión del resultado.

La diferencia entre el dolo eventual y la culpa consciente o con previsión radica en que en ésta, aunque también existe representación del evento posible, el autor obra con la esperanza de que no se produzca, detallaron.

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