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Editorial

Un sistema que salva vidas

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14 de marzo de 2022 - 01:00

Dos años después de declararse la pandemia, una de las conclusiones que pueden extraerse con nivel de certeza es la importancia de los sistemas públicos de salud. No ha sido la salud privada la que se puso al hombro la lucha contra la enfermedad aparecida de manera masiva a comienzos de 2020, sino la estructura estatal dispuesta para enfrentar la amenaza -la ya existente entonces y la creada específicamente para asistir a los enfermos de Covid-19-.

Si en la primera línea de la lucha hubiese estado el sistema privado, muchos habrían quedado excluidos de la atención, los mismos que se encuentran marginados de ese sistema por falta de cobertura de obra social o prepagas, o por falta de recursos económicos.

La relevancia de la salud pública, aun con todas las dificultades que padece, se pudo observar con claridad en todos los países del mundo, incluida por supuesto la Argentina, que ha contado siempre, a diferencia de la mayoría de las naciones, con una cobertura abarcativa y gratuita. En Catamarca, a los hospitales o centros de salud ya existentes se le sumo el Malbrán, para atender específicamente afecciones de tipo respiratorias como las desencadenadas por el nuevo coronavirus. Cuando, en los peores momentos de la pandemia, la capacidad del Malbrán se vio superada, se derivaron pacientes a otros hospitales, y recién en última instancia, con todo el sistema público desbordado en momento muy puntuales, aparecieron los sanatorios privados para sumarse a la atención de los pacientes graves con Covid-19.

La pandemia, que aún no finalizó, ha tenido como consecuencia hasta el momento poco más de seis millones de muertos en todo el mundo. Esta es una cifra por cierto muy inferior a la real. En muchos países las estadísticas no revelan la verdadera magnitud de lo ocurrido, pues hay subregistros muy marcados de la cantidad de fallecidos. Sin la participación de los sistemas de salud pública el coronavirus hubiese hecho estragos muchos mayores.

El rol de los Estados también se verifica en el financiamiento de las distintas vacunas, que son las que en definitiva están derrotando al coronavirus, aunque los réditos comerciales sean apropiados por los laboratorios que las patentaron.

Resulta paradójico que en la Argentina, que hoy constata la importancia de la salud pública, hace pocos años se produjo, a partir del acuerdo con el FMI suscripto por el gobierno de Cambiemos, un importante desfinanciamiento del sector, y hasta una degradación de la jerarquía del Ministerio al nivel de Secretaría. Por ejemplo, el presupuesto de salud de 2019 tuvo, respecto del de 2018, una reducción real del 8,1 por ciento, con un recorte del 20 por ciento en los hospitales nacionales.

La lección debe ser aprendida: no es posible realizar ajustes presupuestarios en áreas tan sensibles como el de la salud, que requiere de recursos para la atención, para la prevención y para la investigación, los tres pilares de un sistema público que siempre, pero sobre todo en los últimos dos años, ha salvado gran cantidad de vidas.

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