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Cara y Cruz

Un significativo coscacho

22 de febrero de 2022 - 02:15

Más de dos años después de la transgresión, el INADI pena a monseñor Luis Urbanc con tres Padrenuestros, diez Avemarías y un coscacho, por haber degradado a las mujeres en una homilía. La penitencia puede saber a poco y considerarse tardía, pero el dictamen marca el grado de retroceso que ha experimentado la Iglesia Católica de Catamarca al comando del castigado.

No se recuerda que un organismo oficial osara alguna vez en Catamarca recriminarle algo al jefe del clero.

Urbanc fue objeto de más de 40 denuncias en el INADI tras un polémico sermón que pronunció el 17 de julio de 2019 en la en la capilla del Señor de la Agonía, en la localidad tinogasteña de Palo Blanco, en el cual recomendó a las mujeres “laburar” si pretendían tener los mismos derechos que los hombres.

“Las chicas ahora quieren ser igual que los varones ¡Laburen! Agarren un martillo, una maza, un corta fierro, y van a ser iguales que los hombres y no se les va a caer nada”, dijo.

En el alud de repudios que precipitaron sus palabras, se destacó el minucioso documento de la Asamblea de Mujeres, un conjunto de colectivos feministas, que recorrió todo el espinel de las miserias eclesiásticas locales: protección a sacerdotes reos de abuso y pedofilia, silencio en torno a los delitos contra la integridad sexual, la violencia de género y los femicidios, subsidios que el clero obtiene del Tesoro público, salarios incluidos. La declaración incluía la reivindicación del aborto legal, que aún no se había sancionado, y la exigencia de que se aplicara con criterio laico la ley de Educación Sexual Integral.

Tras refregarle a monseñor estos anatemas, concluía con la exhortación de separar la Iglesia del Estado. Otras voces habían cuestionado las manifestaciones del obispo desde la política, pero recién ante el embate los colectivos feministas, militantes de la “ideología de género” que él desprecia, y con las denuncias apilándose en el INADI, decidió ensayar unas tibias disculpas.

El durísimo documento de los colectivos de la militancia de género no tuvo réplica. Nadie salió en defensa del obispo.

Cinco de las personas que habían radicado las denuncias en 2019 las siguieron e instaron los trámites para arribar al dictamen del director de Asistencia a la Víctima del organismo, Demian Zayat.

El funcionario consideró que el obispo puso en evidencia sus “prejuicios discriminatorios en relación a las mujeres al banalizar las luchas de este colectivo y reducir sus reclamos a una mera distribución de tareas”, y le recomendó que “reflexione sobre sus expresiones y los presupuestos en los que se apoyan, para evitar en el futuro repetir dichos que reproducen estereotipos discriminatorios que no valoran a las mujeres y las consideran inferiores que el varón”.

Urbanc cumplirá en diciembre 15 años al frente del Obispado.

Ningún otro jefe eclesiástico ha contribuido tanto como él al desprestigio, el aislamiento y el deterioro del liderazgo moral de la Iglesia Católica catamarqueña.

En los tres lustros de su gestión, lo más destacable es la, como mínimo, reticente actitud para colaborar con el esclarecimiento de los abusos eclesiásticos, los dislates y la falta de sensibilidad para advertir los cambios sociales.

La amonestación del INADI, que carece de facultades para otra cosa, expone al líder espiritual en un inconveniente anacronismo.

”No estamos frente al libre ejercicio de la libertad de expresión, que no puede ser cuestionado, sino que por el contrario, nos encontramos en un terreno donde la ley estableció de modo expreso que no puede realizarse violencia simbólica contra la mujer que se apoye en estereotipos discriminatorios. Lamentablemente, eso es lo que sucedió en este caso, incurriendo en violencia simbólica contra la mujer”, dice el dictamen.

Póngase a estudiar, Monseñor.

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