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Editorial

Un problema que no emerge a la superficie del debate público

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9 de abril de 2022 - 02:10

Entre el pasado martes a última hora y el miércoles a la mañana se registraron tres suicidios en la ciudad capital. Si bien fue un acontecimiento inusual que se produjeran con diferencia tan escasa de tiempo entre uno y otro, decisiones de ese tipo son muy frecuentes en Catamarca. Muchas terminan consumándose y otras no, pero sin duda se trata de un fenómeno de gravedad que merece la atención de las autoridades, y de toda la sociedad, que también contribuye a las estrategias de contención de las personas que potencialmente pueden adoptar conductas autodestructivas.

La tasa de suicidio de nuestra provincia es mucho más alta que el promedio nacional. En el año 2020 fue de 1,3 cada 100.000 habitantes. El grupo etario más afectado es el que va de los 13 a los 27 años. En este caso el porcentaje triplica al del resto de la población adulta. En 2019 UNICEF publicó un trabajo denominado “Suicidio en la adolescencia, situación en la Argentina”. En él se consignaba que Catamarca estaba a igual altura que Salta y Jujuy con tasas de “mortalidad autoprovocada” diez veces más alta que en el resto del país.

El psicólogo Diego Molina, que ayer brindó junto al psiquiatra Luis Ignacio Brusco una exposición sobre la problemática en la Universidad Nacional de Catamarca, explica precisamente que la familia y los entornos afectivos inmediatos pueden ser resortes de contención socio-sanitarias.

Está claro que es muy difícil establecer causas de suicidios. De hecho, los expertos lo señalan como un fenómeno multicausal. De todos modos, la investigación sobre la materia ha llegado a conclusiones que establecen que no puede hablarse solo de factores de índole individual los que llevan a comportamientos de este tipo. Y que requiere de un abordaje integral de parte de las autoridades de áreas transversales del Estado. De modo que se caracteriza al suicidio, más que como un problema policial, como un tema socio sanitario y de salud pública.

La clave, siempre según los especialistas, es, además del abordaje multidisciplinario, diseñar una planificación estratégica. En nuestra provincia funciona una estructura que realiza diagnósticos y también propone medidas y políticas a implementar en ese y otros temas vinculados a la salud mental: el Observatorio de Salud Mental y Consumo, que funciona en la órbita del Ministerio de Salud.

El observatorio, partiendo de la premisa de que el suicidio es una vulneración de derechos, entiende que una manera de prevenir es trabajar para la promoción de derechos. Muchos de los suicidios adolescentes, por ejemplo, tienen como causas abusos sexuales, desamparo afectivo, negación a la identidad de género, consumo problemático, falta de perspectivas laborales, entre otras.

Capacitación a docentes para detectar casos posibles, articular con organizaciones de la sociedad civil, sensibilizar a la población y generar políticas inclusivas son estrategias imprescindibles en el abordaje de una problemática de una gravedad inusitada que, sin embargo, a veces no emerge a la superficie del debate público.

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