Los distintos informes que en los últimos meses han analizado la evolución de la economía argentina en clave regional permiten advertir que, lejos de corregir las históricas asimetrías territoriales que caracterizan al país, el modelo económico impulsado por el gobierno de Javier Milei parece consolidar un esquema en el que algunas regiones prosperan mientras otras profundizan su atraso. Entre estas últimas se encuentra, una vez más, el Norte Grande argentino, acaso la macrorregión más postergada de la Argentina desde el punto de vista histórico.
Un reciente informe del Programa de Capacitación y Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (Cetyd) de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), titulado “Argentina, ¿entre dos realidades? La nueva geografía del empleo bajo el modelo de Milei”, consigna que, entre fines de 2023 y fines de 2025, el empleo privado formal cayó en todas las grandes regiones del país, con excepción de casos muy puntuales. El noreste argentino (NEA) registró una disminución del 7,1%; el noroeste argentino (NOA), del 3,4%; Cuyo, del 2,2%; la Patagonia y el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), del 2%; mientras que la región Centro experimentó una retracción más moderada, aunque igualmente significativa, del 1,6%.
El crecimiento minero convive con una reducción general del empleo privado formal. Esta situación pone de manifiesto una limitación central del modelo actual. El crecimiento minero convive con una reducción general del empleo privado formal. Esta situación pone de manifiesto una limitación central del modelo actual.
Provincia por provincia, apenas dos jurisdicciones exhiben un crecimiento del empleo privado formal en el período analizado: Neuquén y Río Negro, provincias que aparecen directamente beneficiadas por la expansión de la actividad petrolera y gasífera asociada a Vaca Muerta, el principal motor de crecimiento sectorial de la economía argentina en la actualidad. Es decir que el modelo genera polos de prosperidad muy localizados, pero no logra extender sus beneficios al conjunto del territorio.
Desde mediados del siglo XIX, cuando la organización nacional consolidó un esquema económico orientado principalmente hacia la región pampeana y el puerto de Buenos Aires, el norte argentino ha sido el gran perdedor de un modelo de desarrollo profundamente desigual. Las sucesivas etapas de modernización, industrialización y apertura económica reprodujeron, con distintos matices, esa misma lógica territorial. Y hoy la tendencia se profundiza.
En el caso del NOA y particularmente de Catamarca, el dinamismo de la actividad minera no alcanza para compensar las pérdidas registradas en otros sectores de la economía. La industria manufacturera y el comercio, actividades con una capacidad mucho mayor de absorción de mano de obra, enfrentan dificultades derivadas de la caída del consumo, la apertura importadora y el encarecimiento de los costos operativos. Consecuentemente, el crecimiento minero convive con una reducción general del empleo privado formal. Esta situación pone de manifiesto una limitación central del modelo actual.
La Argentina enfrenta hoy el desafío de evitar que cierta recuperación económica se convierta en un fenómeno geográficamente restringido. Si los beneficios del crecimiento quedan concentrados en unos pocos enclaves productivos mientras amplias regiones continúan perdiendo empleo y población, el resultado será un país cada vez más fragmentado.n