sábado 12 de septiembre de 2026
En Las Papas, al norte de Fiambalá

Un maestro, un alumno y una escuela que se resisten a desaparecer

Pedro Morales recorre 90 kilómetros cada semana para llegar a la Escuela N° 38. Allí enseña a Lucas Mamaní, de 9 años, el único alumno que queda.

Hay lugares donde enseñar también significa quedarse. Donde llegar a la escuela requiere recorrer 90 kilómetros, atravesar el cauce de un río y pasar toda la semana lejos de casa. Y hay escuelas donde un maestro no solo enseña: acompaña, juega, guía y comparte cada día con un único alumno.

En Las Papas, al norte de Fiambalá, esta historia tiene como protagonistas a Pedro Morales y Lucas Amir Mamaní. Pedro es el director y maestro de la Escuela N° 38 “Ramón Antonio Sierralta”. Lucas tiene 9 años, cursa cuarto grado y es actualmente el único estudiante de la institución.

La escena contrasta con la de apenas dos años atrás, cuando eran cinco los chicos que ocupaban las aulas. Hoy, Lucas tiene una escuela prácticamente para él solo y un maestro que continúa viajando cada semana para que pueda estudiar en su lugar.

Pedro parte los lunes de madrugada y regresa los viernes. Son unos 90 kilómetros hasta Las Papas, de los cuales entre 35 y 40 implican atravesar un río. Cuando el camino está en buenas condiciones, llega en alrededor de una hora y media. En época de lluvias y crecidas, el mismo trayecto puede convertirse en un viaje de hasta cuatro horas.

La Escuela N° 38 funciona con jornada completa, de 8 a 16. Y aunque Lucas no tiene compañeros con quienes compartir el recreo, Pedro busca que la escuela siga siendo un espacio de aprendizaje, pero también de encuentro.

“Yo cumplo la función del maestro, de acompañarlo, de guiarlo y de jugar con él”, contó Morales.

El vínculo entre ambos fue creciendo con los días. Pedro cuenta con orgullo que Lucas tiene buenos avances en caligrafía y ortografía y que, como cualquier chico, también habla de lo que quiere ser cuando sea grande: profesor de Educación Física o policía.

“Más que eso, es como un hijo para mí”, dice el maestro cuando habla de su alumno.

Actualmente viven en Las Papas unas cinco o seis familias, alrededor de 20 personas. Una de las principales razones por las que las familias se van es la falta de una escuela secundaria. Cuando los chicos terminan la primaria deben continuar sus estudios en Palo Blanco o Fiambalá y, en muchos casos, los padres terminan trasladándose con ellos.

“Al no haber secundarios, los chicos terminan el primario y se tienen que venir a estudiar”, explicó Pedro.

A la falta de opciones educativas se suman las dificultades para acceder a servicios y conseguir trabajo. La atención sanitaria tampoco es permanente: ocasionalmente llegan profesionales, pero para distintas necesidades los habitantes deben trasladarse.

Así, cada familia que se va no representa solamente una casa menos. También significa menos niños en la escuela, menos vida cotidiana y menos motivos para sostener servicios en una localidad alejada.

Para Pedro, la escuela es mucho más que un edificio donde se dictan clases. Su permanencia está ligada a la posibilidad de que Las Papas continúe siendo un pueblo.

“Al no haber escuela no va a haber camino. Hay muchas cosas que conllevan y así se va a ir desapareciendo el pueblo también”, advirtió.

La Escuela N° 38 acaba de cumplir 83 años. Y aunque hoy tiene un solo alumno, sigue abierta, con sus puertas y sus aulas funcionando todos los días.

También siguen llegando visitantes. Las Papas continúa siendo un paso hacia El Peñón y Antofagasta de la Sierra y recibe turistas que recorren la zona. Pero el movimiento de quienes llegan de paso contrasta con la realidad de quienes todavía viven allí.

Pedro no pierde la esperanza. Cree que podrían sumarse uno o dos chicos en el futuro. Mientras tanto, sigue haciendo su parte.

En un aula donde antes había cinco voces y hoy queda una. Porque mientras haya un niño que necesite aprender, la escuela sigue teniendo sentido. Y mientras la Escuela N° 38 siga abierta, Las Papas conserva también una pequeña, pero enorme, razón para seguir resistiendo.

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