En su argumentación a favor del proyecto de ley de impuesto a la Renta Inesperada, el ministro de Economía, Martín Guzmán, dijo en declaraciones radiales que en el Gobierno están “buscando poner orden” en la estructura tributaria argentina, a la que calificó como “un bodrio”, resultante de “múltiples emergencias económicas, en las que se manotea lo que se puede”.
- El Ancasti >
- Edición Impresa >
- Opinión >
Un bodrio
El ordenamiento del sistema impositivo argentino es una necesidad reconocida por empresarios, economistas de todas las tendencias y ciudadanos en general, de modo que es una buena noticia que el funcionario encargado de las finanzas nacionales también lo haga. El uso de un calificativo tan fuerte para caracterizar a la estructura tributaria, lleva implícita una fuerte crítica a todas las gestiones gubernamentales anteriores, de por lo menos los últimos 20 años que, teniendo la responsabilidad de ejecutar una reforma integral, no lo hicieron.
La estructura impositiva se ha ido modificando en los últimos años gradualmente, con la aprobación de leyes puntuales. Un sistema de parches, de medidas provisorias que no tienen las características integradoras imprescindibles.
Además de tener coherencia, integración y un orden adecuado, el sistema impositivo debe representar un modelo de gestión de un gobierno. Debe basarse en criterios perfectamente definidos que expliquen cómo debe obtener el Estado los recursos para desplegar su plan de gobierno y, además, cómo ejecuta el gasto de esos recursos.
La estructura tributaria argentina es, en general, regresiva, es decir, que impacta más en los sectores de menor poder adquisitivo, con impuestos que gravan principalmente el consumo (como el IVA) y el trabajo. De hecho, los impuestos que paga el sector de los trabajadores en blanco son muy altos. "La unidad económica que proporcionalmente más impuestos paga en nuestro país es el empleado formal. Este paga en proporción más impuestos que cualquier sociedad anónima", sostiene el economista Cristian Folgar, director de la Licenciatura en Economía en UNSAM.
El principal problema del sistema tributario argentino no es tanto la presión impositiva, sino su carácter regresivo. Según datos de la OCDE, la presión tributaria en Argentina es del 28,6 por ciento, muy por debajo de los países desarrollados (Alemania, 38,3 por ciento; España, 36,6; Italia, 42,9, Francia, 45,4, Dinamarca, 46,5, el promedio de Europa, 40,4 y el promedio de OCDE, 33,8 por ciento). Argentina también se encuentra por debajo de los valores de países vecinos, como Brasil y Uruguay (33,1 y 29 por ciento, respectivamente).
El “bodrio” en el que se ha convertido el sistema tributario argentino debe corregirse. En primer lugar, ordenar el caos existente con criterios racionales. En segundo lugar, tornarlo progresivo, entendiendo como impuestos progresivos aquellos que tienen como objetivo recaudar más de los contribuyentes que más ingresos o riqueza poseen. Para lograr ambos objetivos, se necesita de una reforma impositiva integral, una de las tantas viejas deudas que tiene la democracia en nuestro país.