La decisión del Gobierno nacional de avanzar en la regulación de vapeadores y productos con nicotina, dejando atrás un esquema de prohibición que derivó en un mercado informal, abrió un fuerte debate en el ámbito sanitario. En la provincia, el médico neumonólogo Luis González Lelong analizó el nuevo escenario y fue categórico al marcar los límites de la normativa: “Que esté regulado no significa que sea seguro”, subrayó.
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Tras la regulación del vapeo, preocupa el consumo en estudiantes del secundario
En Catamarca, crece la preocupación por el alto consumo en adolescentes, con registros que alcanzan hasta el 70% en algunos cursos, sobre todo en los colegios privados.
En ese sentido, explicó que la regulación responde a una realidad instalada en el uso extendido de estos dispositivos, pero advirtió que aún no existen certezas sobre sus efectos a largo plazo.
“Sabemos que es inseguro, pero no sabemos cuán inseguro es todavía. No hay estudios prospectivos que nos permitan compararlo con el cigarrillo tradicional”, indicó el especialista, citando incluso publicaciones recientes de revistas científicas internacionales.
El profesional reconoció que el paso hacia la regulación puede tener aspectos positivos, como la posibilidad de controlar los dispositivos y las sustancias utilizadas en los cartuchos limitando la concentración de nicotina o eliminando compuestos peligrosos, pero advirtió que el proceso será gradual. “El decreto entra en vigencia, pero hay un plazo para que los organismos definan los controles, por lo que durante ese tiempo se va a seguir usando como hasta ahora, con todos los riesgos que eso implica”, señaló.
Sin embargo, el eje de mayor preocupación está puesto en el impacto del vapeo en niños y adolescentes. González Lelong aportó datos que reflejan una situación crítica: “Hay estadísticas que indican que un 35% de los menores de 17 años ya consume vapeadores o productos con nicotina”, afirmó.
A nivel local, la situación puede ser aún más alarmante. “En algunos colegios, sobre todo en aquellos con mayor capacidad económica, el vapeo llega al 70% de los alumnos en cursos secundarios”, reveló. Y aclaró que no se trata de una cifra generalizada, sino de registros puntuales, pero significativos, que muestran la magnitud del fenómeno.
El especialista explicó que estos dispositivos no solo están al alcance de ciertos sectores por su costo, sino que además se posicionan como un símbolo social. “Son productos caros, con diseños atractivos, con un sistema de empaquetamiento pensado para seducir. Se transforman en un símbolo de estatus y eso impacta directamente en los jóvenes”, sostuvo.
En esa línea, cuestionó el rol de la industria y las estrategias de marketing detrás de estos productos: “Las mismas tabacaleras están detrás de estos dispositivos y han instalado la idea de que son menos dañinos, lo cual no está comprobado”.
Lejos de representar una herramienta para abandonar el cigarrillo, el vapeo funciona, según el neumonólogo, como una puerta de entrada al consumo. “Nosotros siempre lo vimos así: lejos de ayudar a dejar de fumar, es un iniciador. Muchos chicos empiezan con el vapeo y terminan incorporando el hábito del tabaco”, advirtió.
En cuanto a los riesgos para la salud, detalló que los cartuchos pueden contener sustancias nocivas. “Hay componentes como vaselinas, aromatizantes o mentol que generan efectos directos e indirectos sobre el sistema respiratorio. Eso es lo que se intenta regular ahora, pero durante años circuló sin ningún control”, explicó.
El especialista también trazó un paralelismo con la historia del tabaquismo, recordando que durante décadas se promovió el consumo de cigarrillos incluso con supuestos beneficios. “Hoy sabemos que el tabaco es una de las principales causas de cáncer y enfermedades respiratorias. Con el vapeo estamos en una etapa en la que todavía no dimensionamos completamente el daño”, señaló.