La prensa nacional informó sobre supuestos respaldos del radicalismo del norte argentino al senador nacional porteño Martín Lousteau, presidente del Comité Nacional, en el marco de la tensión que se abrió en el partido al votar por el rechazo del mega DNU de Javier Milei en contra de la decisión de la mayoría de la bancada que integra. La posición de Lousteau fue cuestionada por los gobernadores Alfredo Cornejo (Mendoza), Carlos Sadir (Jujuy), Gustavo Valdés (Corrientes) y Leandro Zdero (Chaco) y los jefes de bloque radicales Eduardo Vischi (Senado) y Rodrigo De Loredo (Diputados).
“Ámbito Financiero” extrapoló la posición boinablanca norteña relacionando un pronunciamiento de la Convención tucumana, las alternativas de la elección de autoridades partidarias en Salta y un párrafo del documento que emitió la Convención de Catamarca en su último encuentro.
"Vamos a alzar nuestra voz cuando se procure utilizar como variante de ajuste de la economía a los ingresos de los trabajadores, de nuestros jubilados y/o a las economías regionales que sostienen a miles de familias catamarqueñas y cuando se cercene los derechos de las minorías o de los sectores vulnerables", advirtieron los radicales locales.
El presidente de la UCR catamarqueña es el diputado provincial Alfredo Marchioli, quien forma precisamente en “Evolución”, la línea que orienta Lousteau. Sin embargo, la opinión de los boinablancas catamarqueños dista de ser unánime.
Hay referentes como el también diputado Tiago Puente ya decididamente empelucados, que juegan en línea con los libertarios. El senador nacional Flavio Fama votó a favor del mega DNU, por tanto en disidencia con Lousteau, y el diputado nacional Francisco Monti maniobra en sintonía con la gestión Milei.
La posibilidad de congeniar un respaldo a Lousteau parece muy remota, porque además el personaje representa a una facción porteña para la que el interior parece no existir.
Si algo le faltaría al radicalismo local para sellar su decadencia es convertirse en furgón de cola de los intereses metropolitanos. Se reforzaría el contraste con la gloriosa década del ’90, durante la que articuló el FCS y fue referencia de triunfo para un radicalismo que desde la salida de Raúl Alfonsín –hace un cuarto de siglo- solo tuvo a nivel nacional la alegría fugaz de la Presidencia de Fernando de la Rúa, una experiencia de la que prefieren no acordarse.
Con su rechazo al mega DNU, Lousteau obtuvo una visibilidad muy conveniente para su persona a costa de exponer las fisuras radicales. También consiguió titulares con las objeciones planteadas en la comisión de Acuerdos de la Cámara alta al candidato a embajador ante Israel Axel Wahnish, rabino personal de Milei.
Se le avecinan ahora episodios menos propicios para el lucimiento particular, que involucran intereses concretos de la UCR porteña.
Uno de los candidatos propuestos por Milei para la Corte Suprema de Justicia de la Nación es el juez federal Ariel Lijo, emblema de los controvertidos tribunales de Comodoro Py, que ha recibido un alud de repudios por sus supuestas operaciones jurídicas para garantizarle impunidad a tirios y troyanos de la repudiada casta.
El vicerrector de la Universidad de Buenos Aires, Emiliano Yacobitti, exdiputado nacional y alfil de Lousteau, anticipó que Lijo “tendrá el respaldo” para entrar a la Corte. Lousteau consideró que hay que esperar. Ambos abrevan en el dirigente Daniel Angelici, binguero y figura proverbial del resbaladizo ecosistema del juego, que controla la UCR de CABA, a quien se sindica, además, como uno de los padrinos del polémico Lijo.
Contrario a Milei en el mega DNU, Lousteau coincidiría con el Presidente para facilitar el ascenso de Lijo. No van a perderse los boinablancas porteños la posibilidad de meter un amigo en el máximo tribunal del país.
No la tienen fácil, los repudios son demasiados y sería necesario un acuerdo con el kirchnerismo para que Lijo pase. Necesitan el respaldo de los correligionarios.
¿Dirá algo la UCR catamarqueña al respecto? Es la Corte Suprema.
Capaz que Marchioli se anima y propone un pronunciamiento. Ahí sí que tendría el consenso seguro de Tiago Puente para una UCR catucha de peluca y malversada en terminal porteña.