Rodrigo L. Ovejero
Rodrigo L. Ovejero
La vida tiene sus vueltas, y la muerte también. De vez en cuando el universo es vengativo y nos regala pintorescas historias en las cuales La Parca viene a buscar dos veces a la misma persona, con algún detalle macabro muy particular de por medio. Pensé en esto porque hace un tiempo escribí un cuento sobre la insospechada relación entre Sergio Denis y seres del espacio exterior, y para ello tuve que averiguar algunas cosas acerca de este cantante. En aquel momento leí que de joven se había caído de un escenario y que a raíz de esa caída había tenido un episodio de amnesia temporal. Lo tomé como un dato menor, un detalle curioso y nada más. Pero años después, cuando Sergio repitió la acrobacia, solo que esta vez sin final feliz, el dato tomó otro significado en mi cabeza.
Un estudio basado en el promedio de kilómetros recorridos durante sus recitales en la década del ochenta –los más andariegos- y los de la década pasada -lógicamente, más reposados- arrojó como resultado que Sergio era capaz de andar una considerable cantidad de distancia sobre el escenario sin caerse de éste. Si hiciéramos un ranking de los artistas que más se caen del escenario –honestamente, no puedo imaginarme que circunstancias nos podrían obligar a hacer un ranking así, pero prioricemos el factor lúdico-, Sergio no habría estado ni siquiera entre los cien primeros, con una carrera artística de más de cincuenta años y solo dos caídas. Por ponerlo en perspectiva, Axl Rose tiene muchas más, en muchos menos kilómetros. Todo lo cual nos lleva a esa máxima que todos alguna vez hemos escuchado o dicho y refiere que cuando te tiene que tocar te toca.
Es curioso, porque nunca escuchamos esta frase con respecto a algo bueno, cuando alguien gana la lotería nadie dice y bueno, cuando te tiene que tocar te toca. Si un amigo nos cuenta que va a ser padre tampoco la decimos. Tampoco la utilizamos para ocasiones triviales, si nos cuentan de un rayón en el auto no lo decimos, si se nos cortó la luz tampoco. Pero cuando nos enteramos de la muerte más estrambótica, inesperada y traicionera, no podemos evitar que las palabras se nos agolpen y, con un dejo de resignación ante la total incomprensión del universo y su inmensidad, decimos y bueno, cuando te tiene que tocar te toca.
Es una de esas frases comodines de la vida, que tienen la virtud de permitirnos sintetizar toda nuestra consternación e ignorancia bajo un halo de sabiduría, de íntima comprensión de fenómenos que en realidad nos resultan completamente inabarcables. Nos evitan un esfuerzo para el que no estamos preparados, nos ayudan a dejar de lado todas esas cuestiones que nos harían la vida imposible si no dejáramos de pensar en ellas. Imposible recordar el trayecto del 2024 si todo el tiempo vamos a estar pensando en la muerte. Cuando te tiene que tocar te toca¸ y a otra cosa, que mañana hay que ir a trabajar.