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Editorial

Señales de alerta

29 de mayo de 2026 - 00:24

El turismo dejó hace tiempo de ser una actividad marginal en Catamarca. En apenas dos décadas, destinos que antes eran conocidos solo por viajeros especializados o aventureros comenzaron a integrarse con fuerza al circuito nacional gracias a la belleza singular de la puna, los paisajes de montaña, los atractivos arqueológicos y culturales y una política sostenida de promoción turística que permitió mostrar al país una geografía extraordinaria y todavía poco explorada.

Pero justamente porque la actividad creció de manera tan marcada, la provincia enfrenta ahora un desafío diferente, como es consolidar estándares de calidad que permitan sostener ese desarrollo. En ese contexto reaparecieron en los últimos días reclamos que no son nuevos y que, precisamente por repetirse, deberían ser atendidos con mayor decisión. El ex presidente de la Cámara de Turismo de Catamarca, Víctor Ahumada, advirtió sobre la proliferación de servicios turísticos ilegales y la ausencia de controles suficientes por parte del Estado. Según señaló, junto con otros prestadores habilitados observan cómo personas sin autorización ni preparación ofrecen excursiones en distintos puntos de la provincia, especialmente en la puna.

La preocupación de los operadores formales no responde solamente a una cuestión comercial, aunque también existe allí un problema evidente. Las agencias habilitadas deben afrontar impuestos, seguros, habilitaciones, costos de mantenimiento y logística compleja para operar en regiones difíciles. Mantener vehículos aptos para circular en caminos de altura, garantizar medidas de seguridad y contar con personal capacitado requiere inversiones importantes.

Las irregularidades denunciadas por los prestadores turísticos constituyen señales de alerta sobre aspectos que todavía necesitan corregirse. Las irregularidades denunciadas por los prestadores turísticos constituyen señales de alerta sobre aspectos que todavía necesitan corregirse.

La consecuencia es una competencia profundamente desigual. Mientras unos cumplen exigencias legales y sostienen estructuras costosas para brindar servicios adecuados, otros operan sin controles ni obligaciones de ningún tipo. Esa distorsión termina castigando al prestador formal y alentando la informalidad.

Pero la falta de regulación también involucra cuestiones mucho más delicadas vinculadas con la seguridad y el cuidado ambiental. La puna catamarqueña no es un destino convencional. Se trata de una región de enormes distancias, condiciones climáticas extremas y zonas de difícil acceso donde cualquier contingencia puede transformarse rápidamente en una situación grave. Conducir visitantes en esos escenarios exige experiencia, conocimiento del terreno, vehículos apropiados y capacidad de respuesta ante emergencias. También existe una responsabilidad vinculada con la protección de espacios naturales de enorme fragilidad. El Campo de Piedra Pómez constituye probablemente el ejemplo más visible.

Las irregularidades denunciadas por los prestadores turísticos constituyen señales de alerta sobre aspectos que todavía necesitan corregirse para evitar que el crecimiento termine afectando la calidad del destino. La articulación entre el sector público y privado será decisiva para consolidar un modelo turístico serio, sustentable y competitivo.

Catamarca logró posicionarse en el mapa turístico argentino. El desafío ahora consiste en sostener ese lugar con servicios de excelencia, reglas claras y una política de control que garantice seguridad, calidad y preservación de sus recursos naturales.

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