El debut político del empresario Javier Galán como referente local de su ascendente tocayo Milei venía cómodo hasta que José Elías “Chichí Jalil, apoderado del partido Unión Celeste y Blanco, le salió disputar la franquicia.
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Sellos a remate
El tipo se le ha convertido en un insoportable incordio, que lo desacredita sin ningún empacho empoderado con unas fotos que se sacó con el líder de La Libertad Avanza y, sobre todo, la posesión de un sello partidario, requisito imprescindible para participar de elecciones del que Galán hasta el momento carece.
Las intervenciones de Jalil se caracterizan por su acidez. Dada su eficacia para estimular úlceras, algunos maledicentes conjeturan que lo solventan los capitanes de la industria del bicarbonato.
Se ha encargado, por ejemplo, de escrachar a los radicales José “Chichí” Sosa y Tiago Puente con supuestas tratativas “avanzadas” para conformar una alianza con el radicalismo. Reveló unas horas después que el candidato a gobernador de Milei en Catamarca sería el empresario Fernando Capdevila, quien se sintió obligado a aclarar que más bien se siente cercano a Patricia Bullrich.
Ayer le dedicó unas palabras deliciosas a Galán.
“Yo anduve toda la provincia con unos dirigentes que me han durado dos viajes porque no aguantan el trajín y hay que meter la mano al bolsillo a cada rato, a cada minuto. Es lindo hablar con los clientes, o que en la verdulería la gente que te diga ‘estoy cansado de todo esto’. Pero no es en el negocio o la verdulería donde lo tienen que conocer, sino en toda la provincia. (Galán) no tiene la más puta idea de lo que hay que armar”, dijo “Chichí” Jalil, poético.
La entretenida pelea Jalil-Galán marca en realidad el inicio de la temporada de remate de sellos. La propiedad de un sello partidario, por ignoto que sea, configura en etapas preelectorales un valioso capital
“Chichí” Jalil es en estas lides un verdadero especialista.
Su incursión más célebre fue 2017, cuando dejó en banda a la Renovación Peronista que orientaba Jorge Moreno y Participación Plural, de Dalmacio Mera, completando una faena de abolición iniciada por el dirigente gastronómico Luis Barrionuevo.
Renovadores y meristas habían conformado con Tercera Posición, de Barrionuevo, y Unión Celeste y Blanco, de Jalil, el Frente Somos Catamarca, con la intención de competir en las PASO contra el esquema de la entonces gobernadora Lucía Corpacci. Pero a último momento Barrionuevo decidió meter a Tercera Posición en el Frente para la Victoria –ese año fue electo diputado provincial el extinto Juan Carlos Rojas- y Jalil le entregó Unión Celeste y Blanco a Hugo “Grillo” Ávila y Verónica Mercado para que pudieran armar, junto al partido Dignidad Popular, el frente kirchnerista Unidad Ciudadana, por el que ambos resultarían elegidos diputados, uno provincial y la otra nacional.
Otro episodio verifica la veteranía de “Chichí” en los remates de sellos. En 2011, tras la derrota de Eduardo Brizuela del Moral a manos de Lucía Corpacci, participó con otras agrupaciones de una maniobra para despojar al radicalismo del nombre Frente Cívico y Social en las nacionales que se jugarían en octubre.
La aventura FCS 2011 naufragó en medio del grotesco cuando “Chichí” se abrió y dejó a sus asociados flojos de papeles. Mario del Campo, propietario por entonces de Unificación Populista, denunció que la deserción había obedecido a presiones del Gobierno. El Partido Nacionalista Constitucional se bajó por diferencias entre sus integrantes.
El novato Galán no debe haber tenido en cuenta estas complicadas camándulas cuando decidió introducirse en el litigio político. Encima se va a topar con tamaño experto en distorsionar tasaciones.