jueves 19 de mayo de 2022

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Abusador condenado a 22 años

"Se valió de la inocencia de las niñas, abusaba y naturalizaba esas prácticas"

La Cámara de Sentencia en lo Criminal de Segunda Nominación dio a conocer los fundamentos.

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27 de marzo de 2022 - 23:46

“El imputado manipulaba psicológicamente a fin de que acceda ‘voluntariamente’ a los ultrajes, a cambio de enseñarle o ayudarla con su tarea escolar o comprarle cosas, intentando naturalizar los favores sexuales y hacerle ver los beneficios que obtendría a causa de su actitud complaciente”, destacaron los jueces de la Cámara de Sentencia en lo Criminal de Segunda Nominación.

Por unanimidad, los jueces Silvio Martoccia, Mauricio Navarro Foressi y Fabricio Gershani Quesada hallaron culpable a un hombre que había llegado imputado por siete hechos de delitos contra la integridad sexual. Había sido imputado por “abuso sexual con acceso carnal continuado calificado por la guarda en concurso ideal con promoción a la corrupción de menores”, “abuso sexual simple calificado por la guarda continuado”, “elaboración de imágenes de abuso sexual infantil continuado”, “abuso sexual simple”, “tenencia de imágenes de abuso sexual infantil calificada por ser las víctimas menores de 13 años”, todo en concurso real y en calidad de autor. Las agresiones sexuales sucedieron entre 2014 y 2020. El abusador ultrajó a tres niñas de su entorno familiar, una de ellas ya alcanzó la mayoría de edad. En consecuencia, fue condenado a 22 años de prisión.

Si bien el acusado confesó y asumió su responsabilidad en cada uno de los hechos, el fiscal de Cámara Ezequiel Walther argumentó que la modalidad con la que agredió sexualmente a sus víctimas denotaba peligrosidad. Por ello, mantuvo la acusación que pesaba sobre el imputado.

El viernes, el Tribunal dio a conocer los fundamentos de la condena. “El abuso sexual, tanto su figura básica como las agravadas, es un delito doloso. El dolo comprende el conocimiento y propósito de realizar un acto de significado sexual apto para lesionar la integridad sexual de la víctima”, explicaron.

Perversión

En relación con el agravante “por la guarda”, señalaron que abarca cualquier circunstancia social o de hecho por la cual el acusado esté obligado a tutelar a un niño, niña o adolescente. El concepto de guardador no es jurídico, dado que sus deberes no son solamente legales sino también sociales o de hecho, sin distinguir entre guarda transitoria o permanente, señalaron. En este sentido, indicaron que al tener el guardador de hecho –sea en forma permanente o aun accidental- el cuidado de chicos y chicas, está obligado a cumplir con el deber de educarlo y vigilarlo o ampararlo. El que comete alguno de los delitos contra la honestidad con su conducta está violando gravemente ese deber que lo obliga a velar moralmente por niños, niñas y adolescentes, a favorecer la formación de su personalidad y, por tanto, a no atentar contra ella.

En este sentido, se remarcó que bajo amenazas y en virtud de su relación asimétrica de poder, conocedor de su extrema vulnerabilidad en la que se encontraban sus víctimas, el imputado se aprovechó por ser el guardador y familiar de las niñas. En este contexto, atentó contra la integridad sexual de las niñas, quienes no podían consentir libremente la acción, no sólo por su corta edad sino también por su extrema vulnerabilidad social, económica y afectiva.

“Se trata de un delito que atenta contra el derecho de las personas que, en razón de su edad, no han alcanzado la plena madurez fisiológica, psíquica y sexual, a no ser sometidos a tratos sexuales anormales en sus modos, cuya práctica puede en el futuro impedirles tomar decisiones de índole sexual carentes de deformaciones. Es el derecho que los menores de edad tienen al libre desarrollo de su personalidad, particularmente en el aspecto sexual. Se valió de la inexperiencia e inocencia de las víctimas, las iniciaba sexualmente y naturalizaba esas prácticas como algo normal y cotidiano”, precisaron.

Respecto a la producción de material de abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes (MASNNA), los magistrados indicaron que “el imputado demuestra su perversidad o trastorno desviado”. No sólo ultrajó a las niñas, en algunas ocasiones también produjo “material pornográfico”.

“En cuanto a la participación penal del acusado, sin perjuicio de la confesión libre y voluntaria realizada en cuanto a todos los hechos, ha quedado perfectamente acreditada su autoría material en los sucesos incriminados, conforme los elementos probatorios independientes antes valorados, amén de los testimonios incriminantes de las víctimas. En este derrotero, no puedo dejar de valorar la capacidad de comprensión de los hechos criminosos endilgados”, sostuvieron.

En este sentido, las pericias efectuadas indicaron que el acusado no presenta alteraciones morbosas de sus facultades mentales y asume una posición psíquica de víctima ante la presente causa. “Presenta tendencias a la manipulación, con un estilo seductor para lograr empatía en la entrevista. Se puede inferir que podría dirigir sus actos y tiene una comprensión de éstos”, dice uno de los informes.

El silencio de las víctimas en un entorno de impunidad

El abuso sexual es una de las formas de violencia más aberrantes contra niños, niñas y adolescentes. Al respecto, especialistas en esta temática advierten que la familia “puede ser un territorio favorable” para maltratar y abusar de chicos y chicas. Niños, niñas y adolescentes suelen ser silenciados por sus propios agresores, mediante distintas estrategias. El agresor sexual –quien en un gran porcentaje suele ser un hombre del círculo familiar o cercano de la víctima- se vale del miedo, la culpa y la manipulación. De esta manera, promueve la impunidad en estos actos de violencia. “Se trata de una órbita de violencia, de la familia como prisión”, se remarcó.

A la vez, se remarcó que la vulnerabilidad en estos casos reside en el hecho de que chicos y chicas, por su inocencia, condición física o sexual no comprenden la criminalidad de los ultrajes, más aún cuando el agresor es padre o un familiar cercano. “Estos agresores se aprovechan del amor y la confianza. Niños, niñas y adolescentes advierten que algo malo está sucediendo; suelen reprimir los recuerdos y tienden a normalizar o tolerar aquellos actos degradantes y tortuosos, quedando atrapados en un círculo de silencios y secretos familiares”, explicaron.

Muchos chicos y chicas víctimas de abuso sexual o violencia intrafamiliar no reaccionan porque han normalizado estos ultrajes. “Es un trauma que se acrecienta con el paso del tiempo; chicos y chicas se sienten cómplices, indefensos, humillados y temen ser estigmatizados. La impunidad está promovida por el silencio de las víctimas que callan porque su estado de vulnerabilidad es absoluto. El agresor cohíbe mediante el miedo y culpa, sumado al estado de indefensión que los invade. Normalmente, el silencio no suele estar dado por un único hecho sino por varios hechos y agravados”, detallaron.

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