"Se me apagó la tele": se empastilló, apedreó a otro chico y lo dejó ciego
En debate, la víctima contó cómo sobrelleva a diario su nueva condición. El debate se reanudará mañana.
Tiene 20 años y debe responder por un violento robo que cometió cuando tenía 17 años. “Después de ese hecho dejé las drogas”, reconoció. Llegó a la Cámara de Sentencia Penal Juvenil para responder por el delito de “robo agravado por el uso de arma y lesiones gravísimas en grado de tentativa”.
De acuerdo con la investigación, en la madrugada del 6 de abril de 2019, el acusado interceptó a otros tres adolescentes en un barrio del sudoeste capitalino. Con la idea de apropiarse de sus pertenencias, arrojó piedras. No pudo lograr su cometido y en inmediaciones del lugar fue interceptado.
No obstante, las piedras arrojadas impactaron contra la cara de uno de los adolescentes. Según un examen médico oftalmológico, el chico presenta “pérdida de visión central en ambos ojos e irreparable pérdida de la sensibilidad y contraste periférico”. El certificado médico indicó “ceguera legal irreversible”.
La audiencia es presidida por el juez Penal Juvenil Fabricio Gershani Quesada, el Ministerio Público Fiscal es representado por el fiscal del fuero especializado Guillermo Narváez y la defensa es ejercida por el abogado del foro local, Orlando del Señor Barrientos.
Desde el banquillo de los acusados, el joven admitió que desde los 12 años consume pastillas y por voluntad propia habría cesado en este consumo problemático. “Esa noche vine de trabajar y no había cobrado. Fui a la casa de un amigo, a una joda. Compré pastillas”, relató. Según su testimonio, se juntó con unos amigos y tomó “clonazepam con vodka”. Luego, decidió volver caminando.
En un primer momento, dijo que no recordó qué pasó; “se me apagó la tele”, expresó. Sin embargo, en el avance de la audiencia y tras escuchar algunos testimonios, volvió a pedir la palabra para ampliar su declaración. Recordó que agarró una piedra y que la arrojó pero no sabe a quién.
“¿Qué hacés? Soy yo”
Uno de los testimonios más fuertes fue el joven víctima. Por entonces, también era un adolescente de 17 años. Contó que esa noche estaba en la vereda de su casa, con un amigo y unas chicas se acercaron a pedirles que las acompañaran a salir del barrio “porque estaba oscuro”. En grupo, empezaron la caminata. En un momento, vieron al acusado que venía por la misma calle, de frente.
El joven relató que sintió el impacto de un piedra en la frente y que cayó. En el piso, recibió varias patadas. Luego, sintió las manos del acusado en los bolsillos, donde tenía el celular y una billetera.
“¿Qué hacés? Soy yo”, le recriminó el joven tirado en el suelo. “Perdón, no sabía que eras vos”, le dijo el acusado y se marchó.
La víctima contó que conocía a su agresor del barrio; eran conocidos y solían saludarse. “Yo no tenía problemas con nadie”, aseguró.
Luego, relató cómo transitan sus días desde entonces y cómo aprendió a superar, de alguna manera, su nueva condición. “Un nervio óptico no se salva”, remarcó. El joven perdió totalmente la visión del ojo izquierdo y actualmente sólo tiene el 5 % de visión en el ojo derecho. No obstante, el daño es progresivo y continúa el tratamiento. “Mis ojos están bien. Tengo afectado el nervio óptico”, comentó.
Tras este hecho, “esperaba un perdón y nunca hubo eso. Creo que la intención fue lesionarme para robar”, expresó.
Cuarto intermedio
A su turno, declaró un testigo, un taxista que llegó al instante tras la agresión. Contó que vio a un grupo de chicos que corrían y a un muchacho tirado en el suelo. Una chica se puso delante del vehículo y pidió auxilio a los gritos. El chofer detuvo su marcha. Esta persona reconoció al imputado, quien había amagado con tirarle una piedra. “Él es. Cuando hace el amago para tirarme una piedra, lo veo bien”, declaró.
Tras los primeros testimonios, el fiscal Narváez decidió desistir del resto de los testigos. La audiencia pasó a un cuarto intermedio hasta el jueves. Para esta jornada, se prevé la instancia de alegatos.
Entre una nueva condición de vida y la superación
“Yo jugaba al fútbol”, recordó el joven damnificado. La pedrada también le fracturó el pómulo izquierdo, que debió ser reconstruido. Tras la agresión, debió realizar viajes a Córdoba para someterse a distintos tratamientos para “salvar el ojo izquierdo” pero no hubo éxito. Meses después, comenzó a disminuir la visión en el ojo derecho y esta pérdida es progresiva. Hubo una nueva derivación para salvar ese ojo y se pudo frenar. Actualmente, sigue en tratamiento. A la vez, debió realizar tratamiento psicológico.
A más de tres años del hecho y con los tratamientos efectuados, tiene conocimiento al detalle del daño que sufrió. “El nervio óptico es como una plantita, si no se riega, muere”, detalló. En su caso, a fin de que el nervio óptico continuara con su función, debió consumir vitaminas.
Pese al dolor que le causó su nueva condición, comentó que pudo conocer un deporte inclusivo: el goalball. Desde hace un año entrena y ya disfruta de los primeros logros. Pudo vestir importantes camisetas y el gran debut fue ante Brasil.
El goalball es un deporte exclusivamente creado para personas con discapacidad visual y es inclusivo: cada jugador usa parches y antiparras oscuras que los igualan en esas condiciones. Se juega en una cancha similar a la de vóley, de 18 x 9 metros, con dos arcos de 1,30 metros de alto al final de cada lado. Cada equipo está compuesto por tres integrantes y el objetivo es meter goles con la pelota, que es muy parecida a la de básquet y tiene cascabeles en su interior.
“Si me quedo quieto, no me sirve. Tengo que progresar. Tengo a mi familia que me ayuda. Quiero que se haga justicia”.
“La oveja perdida”
A su turno, declaró la madre del joven víctima. Contó que conocía al acusado del barrio y porque fue su catequista. Recordó que en la catequesis el hoy imputado era un chico aislado, que no se integraba. “Me duele porque lo conocía. Mi hijo está vivo pero con una discapacidad irreversible y progresiva”, manifestó.
La madre declaró que tras la violenta agresión, ni el acusado ni su familia se acercaron para pedir perdón. “La oveja perdida fue el agresor de mi hijo. Quiero creer en la Justicia. Preferí pagar su medicación a pagar un abogado. Su agresor no midió lo que hizo. Fue al azar; no creo que haya tenido motivos. Estaba muy drogado, encontró a alguien y tiró una piedra. El daño está hecho. No debió haber ocurrido nunca. Siempre fue un chico difícil”, señaló.
La mujer remarcó que esta agresión hizo mella en la familia. “Sacrificamos mucho. Nuestra vida cambió un 100 %”, aseguró visiblemente angustiada.