Un informe dado a conocer esta semana por Unicef a partir de estadísticas vinculadas a la aplicación de 14 vacunas señala que se estancó la cobertura mundial de inmunización infantil, “por lo que hay 2,7 millones más de niños y niñas sin vacunar o sin recibir la totalidad de las vacunas en comparación con los niveles anteriores a la pandemia de 2019”. En lo que respecta a la situación que se verifica en nuestro país, los números también son preocupantes: se registran retrocesos de hasta el 40% en la cantidad de vacunados en 2023 con respecto a 2022.
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Retrocesos preocupantes
La falta de aplicación de vacunas del calendario obligatorio, además de afectar directamente a quienes no son inoculados, conspira también con el logro de lo que se denomina el “efecto rebaño”, es decir, la inmunidad colectiva que se alcanza cuando una alta proporción de la población, o de un determinado grupo etario, está protegido por las vacunas. Estudios científicos mencionan como un porcentaje adecuado el 95%. Así, la propagación del patógeno se reduce notablemente.
El descenso del número de los niños vacunados en la Argentina es marcado y preocupante: la cobertura de la BCG, que se aplica a los siete días del nacimiento, descendió del 81% al 69%; la primera dosis de la vacuna contra la difteria, la tos ferina y el tétanos, que se aplica a los dos meses, bajó del 90% al 77%; la primera dosis contra la polio, del 90% al 78%.
En un comunicado realizado a partir de los resultados del informe global, Unicef indica que “las últimas tendencias demuestran que en muchos países hay demasiados niños sin vacunar. Cerrar la brecha de inmunización requiere un esfuerzo mundial para que gobiernos, aliados y dirigentes locales inviertan en atención primaria de la salud y en trabajadores comunitarios para garantizar que todos sean vacunados”.
Entre 2020 y fines de 2022, con el auge de la pandemia de Covid-19, la vacunación para prevenir otras enfermedades se redujo drásticamente. Fue un fenómeno esperado que finalmente ocurrió. Pero las expectativas eran que en 2023 se recuperara el nivel de vacunación, lo que está sucediendo pero a un ritmo menor al necesario. La consecuencia puede ser el retorno de enfermedades prácticamente desterradas o el recrudecimiento de otras que se habían replegado por éxito de las campañas de vacunación de décadas anteriores.
La pandemia, sin embargo, tuvo como efecto positivo la confirmación de la efectividad de las vacunas, que fueron un factor clave para bajar la tasa de letalidad de la enfermedad y la gravedad de las infecciones.
Resulta imprescindible profundizar en las campañas de vacunación, que deben, además de explicar la eficacia y la seguridad de las vacunas para evitar la propagaciones de enfermedades potencialmente mortales, volver más eficiente la presencia de agentes de salud en todo el territorio nacional a los efectos de propiciar que los porcentajes de vacunados retornen a los valores histórico, produciendo otra vez la inmunidad del rebaño.