domingo 9 de agosto de 2026
Editorial

Respuestas urgentes

La preocupación por el destino ambiental del planeta no es nueva: ayer se cumplieron 54 años del día en que millones de personas salieron a las calles de los Estados Unidos para protestar por el impacto del daño que el auge consumista de la posguerra le estaba causando a los recursos naturales. La movilización fue un éxito porque estuvo, además de muy bien fundamentada, muy bien organizada. Participaron de aquella movida más de 2.000 universidades, 10.000 escuelas de primaria y secundaria.

El Foro Económico Mundial describe que en esa época, principio de la década del setenta, “los vertidos de petróleo, la contaminación de las fábricas y otras amenazas ecológicas iban en aumento, sin que apenas existiera legislación para evitarlos”.

En conmemoración de aquella jornada, desde el año 2009, por iniciativa de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, se celebra todos los 22 de abril el Día de la Tierra. Es una fecha designada por las Naciones Unidas dedicada a nuestro planeta. Su objetivo es tomar conciencia de la conservación y la sostenibilidad del medioambiente e implementar medidas urgentes para un futuro más saludable.

La temática general de este año es un llamado global a tomar medidas urgentes contra lo que se considera la triple crisis planetaria: el cambio climático, la pérdida de la biodiversidad y la contaminación. Todas estas crisis, no hace falta abundar en detalles, han sido provocadas fundamentalmente por la acción humana. Pero el lema particular se centra en la reducción de plásticos: la meta es disminuir su producción en un 60% para 2040.

Sobre la triple crisis, Naciones Unidas señala: “Los océanos se llenan de plásticos y se vuelven más ácidos. El calor extremo, los incendios forestales, las inundaciones y otros eventos climáticos han afectado a millones de personas”. Y continúa: “El cambio climático, las acciones del hombre en la naturaleza, así como los crímenes que perturban la biodiversidad, como la deforestación, el uso del suelo, la producción agrícola y ganadera intensiva o el creciente comercio ilegal de vida silvestre, pueden acelerar el ritmo de destrucción del planeta”.

A diferencia de la época de las primeras reacciones masivas –décadas del 60 y del 70-, en la actualidad la degradación ambiental es formidable y requiere de respuestas urgentes. La pérdida del equilibrio del funcionamiento de la naturaleza y la destrucción de los ecosistemas ponen en riesgo incluso la continuidad de la especie humana.

La responsabilidad de atacar todos estos desafíos involucra a gobiernos, empresas y ciudadanía en general. Las responsabilidades, por cierto, son diferentes. Gobiernos y grandes empresas son determinantes en la definición del rumbo planetario, pero los ciudadanos también tenemos, individual y colectivamente, entre sus manos la posibilidad de contribuir, con comportamientos relacionados con una vida de cuidado de la naturaleza y a favor de prácticas ambientalmente sustentables. n

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