jueves 2 de abril de 2026
Mirador Político

Reivindicación de Pugliese

Dada la tirria que Javier Milei le tiene a Raúl Alfonsín y al radicalismo, debe destacarse entre las concesiones que hace a su intransigencia una inesperada reivindicación del exministro de Economía Juan Carlos Pugliese. Fue el que en 1989, a dos semanas de las elecciones que ganaría Carlos Menem y en medio de una crisis económica y financiera que devoraba al país, pronunció la célebre frase: “Les hablé con el corazón y me respondieron con el bolsillo”.

Sucesor de Juan Vital Sourrouille en la cartera económica, había anunciado por cadena nacional un aumento de las tarifas y la creación de un impuesto del 30% sobre las exportaciones industriales y agropecuarias, además de disponer el tercer feriado bancario en dos meses para evitar una disparada del dólar, pero el mercado no respondió con la ternura que esperaba y el desmadre continuó.

Angustias similares atormentan a Milei. Empresarios y financistas lo celebran en todo el mundo, fascinados por su estilo y la brutalidad del ajuste sobre el gasto público, pero no sueltan un dólar. La economía argentina continúa estancada y se siguen postergando pagos para tratar de sostener el dibujo contable del superávit financiero de Luis Caputo.

Con el DNU a expensas de la Suprema Corte y su fundacional Ley de Bases sometida a cirugía en el Congreso, Milei apuesta al corazón a estos potenciales inversores, hombres tacaños, de fe renuente.

¿Cuán permeables serán al código cardíaco? Gran incógnita.

Buscando apostadores

En el Foro Llao Llao, en Bariloche, el 19 de abril, Milei relató a su feligresía argentina el episodio del cruce del Mar Rojo. Dios les abrió las aguas a los judíos fugitivos de Egipto recién cuando confiaron y se lanzaron. No antes: la fe es condición indispensable.

“Muchachos, en algún momento van a tener que poner las pelotas, van a tener que invertir, se van a tener que jugar para que se abran las aguas y seamos libres”, los intimó.

En el Foro Milken, en Los Ángeles, dos semanas más tarde, hablo “urbi et orbi” y postuló a la Argentina como la nueva “meca de Occidente”.

Lisonjeó al “empresario aventurero”, héroe de la narrativa libertaria y advirtió a los argentinos incrédulos: “No se duerman en sus laureles, porque encontrarán que hay actores de afuera con más capital y mayor capacidad de asumir riesgos, dispuestos a hacer las inversiones que el país necesita”.

Cerró con una convocatoria a los magnates globales a “apostar” por la Argentina.

“Ayúdenme, ustedes que son el progreso humano encarnado, a hacer de ella la nueva Roma del siglo XXI. Demostrarles a los burócratas que están destruyendo Occidente que las ideas de la libertad son la única forma de alcanzar la prosperidad. Volvamos a abrazar las ideas de la libertad con orgullo. Estemos orgullosos de ser emprendedores, de ser empresarios, porque son los verdaderos benefactores sociales, los que crean riquezas, los que han sacado al mundo de la miseria. Les pido que además nos acompañen a los argentinos para este renacer de Occidente”, arengó.

La travesía por el desierto hacia la Tierra Prometida se complica.

No sólo es aplicable la analogía bíblica del Mar Rojo. También tarda en llover el maná de las inversiones. Como Josué ante Jericó, Milei le mete a la trompeta, pero las murallas no caen.

Sin alternativas

No obstante y pese al sufrimiento social impuesto por el ajuste, Milei sostiene una importante confianza en su proyecto entre la sociedad.

Un sondeo de la consultora Circuitos, publicado por Clarín, consignó que solo un 24,4% de los encuestados consideró que la situación del país es entre buena y muy buena, pero el 41,7% estima que la economía mejorará en los próximos meses y un universo mayor, 49%, es optimista con lo que viene.

Estos datos deben ponderarse con el de la principal demanda a la gestión libertaria: un abrumador 90,4% pide que los salarios superen o empaten a la inflación. Ahí hay un reclamo difícil de satisfacer si la economía no se reactiva.

La imagen de Milei, por otro lado, mantiene su consistencia en un sistema político estragado. Es otro elemento que explica la paciencia social ante la caída del poder adquisitivo y la recesión, que se traduce en desempleo: no emergen alternativas a lo que el libertario propone, el electorado parece sentirse en una encerrona.

Las consultoras D’alesio IROL-Berensztein midieron esta semana la imagen de 19 referentes políticos. El estudio, también publicado por Clarín, excluyó a Cristina Kirchner, Mauricio Macri y Sergio Massa.

El radical Martín Lousteau es el peor ubicado, con un 72% de imagen negativa. Lo siguen Horacio Rodríguez Larreta (68%), Miguel Pichetto (66), Jorge Macri (58), Karina Milei (57) y Axel Kicillof (56).

Milei anda por el medio de la tabla. Tiene el 51% de negativa, pero un 43% de positiva que los otros no.

Los números muestran una muy persistente fragmentación, en la que Milei prevalece por las expectativas que aún induce su programa.

Volatilidad

La insensibilidad de los inversores privados refleja la del FMI, que también se va en felicitaciones pero se niega a oxigenar la gestión con dólares menos retóricos.

¿Qué efecto tendría sobre el riesgo país un crédito del FMI, aunque fuera mínimo? Quizás serviría para estimular la confianza de los reticentes. Seguro que mucho más que las gratuitas manifestaciones de aliento.

La condición para que algo por el estilo ocurra es que Milei estabilice y dote de previsibilidad a la escena política a mediano y largo plazo.

La Ley Bases, presunto corazón de su programa, ha sido jibarizada significativamente en el Congreso en aras de esa meta, pero el DNU podría ser derogado con tanta facilidad y falta de consenso como Milei lo promulgó.

Es todo demasiado volátil. El encanto de la épica flaquea cuando a los “empresarios aventureros” se les pide abrir la billetera.

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