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Editorial

Regresión incompatible con los valores republicanos

21 de junio de 2026 - 22:04

Las sociedades democráticas no siempre avanzan en línea recta. Los derechos conquistados, incluso aquellos que parecen definitivamente consolidados, pueden verse sometidos a cuestionamientos inesperados. Por ello, resulta imposible no observar con preocupación el surgimiento, en ciertos sectores ultraconservadores de los Estados Unidos, de propuestas como el denominado “household voting”, una concepción según la cual el voto familiar debería ser ejercido por el jefe del hogar, privando de hecho a las mujeres de su autonomía política y reduciendo su ciudadanía a una representación delegada.

Es cierto que semejante idea difícilmente llegue a prosperar en una nación cuya Decimonovena Enmienda reconoció hace más de un siglo el sufragio femenino. La tradición institucional norteamericana y la fortaleza de los consensos democráticos hacen improbable una regresión de semejante magnitud. Sin embargo, sería un grave error minimizar la importancia del fenómeno. Que tales planteos hayan dejado de pertenecer al terreno de las extravagancias marginales para ingresar al debate público constituye, por sí mismo, una señal de alarma.

Detrás de esas posiciones subyace una concepción de la sociedad que pretende restaurar relaciones de subordinación incompatibles con la igualdad jurídica entre hombres y mujeres. No se trata solamente del derecho al voto. Está en discusión una idea más amplia: la de la mujer como sujeto pleno de derechos y como individuo autónomo, con capacidad de decidir por sí misma.

Argentina no es ajena a estas corrientes culturales. Sin llegar, por supuesto, a los extremos de quienes propician la supresión del sufragio femenino, en los últimos años se han registrado retrocesos que merecen ser señalados. La eliminación o desjerarquización de políticas públicas orientadas a la igualdad de género, así como declaraciones formuladas por algunos de los principales referentes del gobierno libertario, han contribuido a instalar una narrativa que relativiza conquistas alcanzadas durante décadas y cuestiona la existencia misma de desigualdades estructurales.

Resulta imprescindible revertir ciertas tendencias actuales y retomar una senda que reafirme, sin ambigüedades, la igualdad de derechos entre varones y mujeres. Resulta imprescindible revertir ciertas tendencias actuales y retomar una senda que reafirme, sin ambigüedades, la igualdad de derechos entre varones y mujeres.

La discusión democrática admite legítimas diferencias respecto de los instrumentos y las prioridades de las políticas públicas. Pero otra cosa muy distinta es poner en tela de juicio principios básicos de igualdad y de no discriminación que constituyen pilares de las democracias modernas.

La ampliación de derechos fue una de las grandes conquistas civilizatorias del siglo XX. Desandar ese camino, aunque sea gradualmente y mediante discursos que buscan revestirse de sentido común, implicaría una regresión incompatible con los valores republicanos. Precisamente por ello, resulta imprescindible revertir estas tendencias y retomar una senda que reafirme, sin ambigüedades, la igualdad de derechos entre varones y mujeres.

Las libertades individuales y la dignidad de las personas no son concesiones circunstanciales ni privilegios otorgados por una mayoría, sino principios esenciales cuya defensa exige una vigilancia permanente.

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