Es difícil anticipar cómo la historia juzgará el Papado de Francisco, pero muy seguramente sus esfuerzos para combatir la pederastia en la Iglesia, sacar a la luz los numerosos casos denunciados y transparentar los procesos de juzgamiento, según el derecho canónico, de los acusados, figurarán entre sus acciones más recordadas. Algunos evaluarán como un avance muy significativo esta voluntad; otros, tal vez, entenderán que tales esfuerzos no fueron suficientes, o las investigaciones no avanzaron “hasta las últimas consecuencias”, como suele señalarse.
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Reformas contra los abusos
A favor del Pontífice habrá que remarcar las enormes dificultades que implica encarar reformas de fondo en una institución tan conservadora como la Iglesia Católica, además en temas aberrantes, como los abusos a menores, que involucran no solamente a sacerdotes, sino también a religiosas y a obispos y hasta a Benedicto XVI por omisión de denuncia o encubrimiento. Pero pese a los problemas y las resistencias, el proceso iniciado en 2013 continúa prosperando.
En estos días, Francisco avanza junto con un consejo integrado por siete cardenales asesores para terminar de pulir e texto de la nueva Constitución Apostólica, que se denominará “Prediquen el Evangelio” y que reemplazará a la ya vieja “Pastor Bonus”, promulgada por Juan Pablo II hace 34 años.
La Constitución Apostólica es la norma legal de más alto nivel publicada por El Vaticano; de allí la importancia de que el proceso de reformas que ya lleva 9 años se encuentre plasmado en este texto. Por ejemplo, se incorporarán con rango constitucional los decretos y las leyes que ya promulgó Francisco en su lucha contra la pederastia –como por ejemplo la abolición del secreto pontificio para los casos de abusos de 2019-, pero también en otro tema sensible para los católicos: la transparencia financiera de El Vaticano.
Bergoglio ha decidido también reformar la poderosa Congregación para la Doctrina de la Fe, un órgano colegiado cuya función es “custodiar la correcta doctrina católica de la Iglesia”. El antecedente de este órgano es la antigua Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición, que fue responsable durante siglos de los más aberrantes crímenes y persecuciones. Aunque aún no se conocen precisiones del contenido de esas reformas, uno de los aspectos es el disciplinar, y allí se plasmaría el mandato de investigar y castigar los casos de abusos dentro de la Iglesia.
Los cambios promovidos por el Papa tienen por ahora más incidencia en El Vaticano que en las iglesias locales, que, salvo excepciones, siguen alentando líneas pastorales conservadoras y no pocas veces protección contra los miembros del claro denunciados por abuso. Es paradójico, porque las transformaciones de fondo normalmente suelen gestarse abajo antes de subir las estructuras y manifestarse en la cúpula de las instituciones jerárquicas, como el caso de la Iglesia.
El tiempo y la historia juzgarán el éxito de las reformas impulsadas por Francisco.