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Editorial

Reducción de daños

26 de junio de 2024 - 00:50

El Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, que hoy se celebra, está atravesado por debates respecto de cuáles son los modos de prevención más eficaces, o cuáles los enfoques más adecuados sobre la problemática.

En los últimos años ha ido creciendo una postura respecto al abordaje al que debería prestársele atención, no para aceptarlo sin más, sino con el propósito de someterlo a análisis y compararlos con las clásicas posturas más extremas respecto de los consumos: la prohibicionista, que intenta negar o criminalizar los consumos, y la que propone la legalización lisa y llana.

En el medio de ambas se sitúa una posición que busca enfocar el problema desde una perspectiva de reducción de daños, que propone la difusión e implementación de políticas de drogas basadas en la salud, los derechos humanos y la evidencia científica.

Quienes sostienen esta posición consideran que las políticas de ilegalización extremas de sustancias no frenan su circulación y que, al empujarlas a la clandestinidad, favorecen la adulteración y una mayor intoxicación, además de potenciar los negocios ilegales. El ejemplo que siempre se menciona para argumentar la inconveniencia de la ilegalización es el período de la Ley Seca en Estados Unidos. Otra postura, situada en el otro extremo, plantea la legalización de las sustancias, mencionando la libertad de los usuarios para decidir su consumo. Como se recordará, el propio actual presidente de la Nación expresó durante la campaña electoral que “quien quiera reventarse consumiendo droga o suicidarse puede hacerlo sin asistencia del Estado, porque cada individuo decide qué hacer con su vida”.

Las políticas de reducción de daños apuntan a una regulación estatal de todas las drogas, atacando las consecuencias negativas que pueden estar ligadas a su consumo.

A propósito de varios casos fatales por consumo de pastillas de éxtasis, quienes son partidarios de la mencionada postura intermedia entienden que es imprescindible testear cómo están compuestas las pastillas que circulan en los ambientes nocturnos, no solamente en las grandes ciudades sino también en centros urbanos de menor tamaño, como en algunos de Catamarca, por ejemplo.

Para el testeo de drogas sintéticas existen estudios muy precisos y sencillos de realizar, pero hacerlo está prohibido por la ley de Drogas vigentes en Argentina desde 1989 porque implica poseer sustancias cuya tenencia es castigada. Pero una cosa es poseer una sustancia prohibida para realizar testeos que tengan como finalidad detectar pastillas peligrosas y otra cosa es tenerlas para producirlas.

Hay algunas organizaciones que asisten a las fiestas electrónicas, ámbitos donde hay mucho consumo de drogas sintéticas, para testear pastillas y para ayudar a las personas a tomar decisiones informadas sobre su uso de drogas, reducir riesgos y daños y prevenir emergencias.

Las políticas de reducción de daños representan un enfoque que merece un análisis detenido, del mismo modo que la modificación de normas que requieren de una urgente actualización.n

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