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Editorial

Recuperar el tiempo perdido

19 de diciembre de 2021 - 01:00

La Pandemia de COVID-19 todavía en curso modificó la vida de todos. Pero dentro del universo de la población afectada quizás los efectos menos estudiados sean los que recaen en los niños de corta edad, que prácticamente no tienen otra experiencia de vida, o al menos no la registran conscientemente, que no sea en pandemia.

Todos los informes que analizan el tema concluyen en las dificultades de socialización que han vivido los chicos que al comenzar este período excepcional de la humanidad eran muy pequeños. La virtualidad en el ámbito de la escolaridad ha sido un modo eficaz de salir del paso, pero también hay que reconocer que ha tenido un costo alto en las dificultades de los chicos para adaptarse al mundo real que existe más allá del ámbito del entorno familiar más estrecho. La escuela ha retrocedido en estos dos últimos años como un espacio privilegiado de socialización, por el que atraviesan todos los niños a partir de los tres, cuatro o cinco años de edad.

Por ejemplo, los chicos que ingresaron al nivel inicial en 2020 con todas las expectativas –propias y las de sus familiares más cercanos- de empezar una nueva etapa de la vida con mayor interacción con pares y personas que no forman parte de la familia, de recorrer un camino de aprendizaje de nuevas formas de comunicación –en el más amplio sentido de la palabra- con el resto de la sociedad, egresan por estos días de ese nivel sin casi haber vivido esa experiencia profundamente enriquecedora.

Una de las manifestaciones más evidentes de esta carencia se observa, según analizan los especialistas, en lo referido a los problemas de muchos chicos de esa edad para el desarrollo del lenguaje, que es clave en esta edad a partir de la vinculación que tienen con otros chicos o con adultos que coordinan actividades grupales. Es decir, muestran en este aspecto de su vida social una suerte de retraso respecto de lo que se espera, en función de los logros alcanzados por generaciones anteriores, por ejemplo chicos que ingresaron al mundo de la escolaridad formal hacer tres, cuatro o más años.

Si la situación sanitaria mejora en los próximos años –lo cual no tiene el grado de certeza que todos deseamos- los chicos retomarán los cauces socializadores de la educación en edades más avanzadas. No hay trabajos la debida verificación científica que permita concluir si lo perdido en estos dos años puede ser recuperado o ya hay impactos negativos más difíciles, aunque no imposibles por cierto, de revertir.

Las familias deberían, en la medida de lo posible, hacer sus propios aportes para, por ejemplo, impulsar el desarrollo del lenguaje en los niños a partir de conversaciones sobre las actividades infantiles (esto es, poner en palabras las experiencias cotidianas), la estimulación de la lectura, si el chico ya sabe leer, o leerles cuentos o apelar a juegos didácticos que no sean individuales sino colectivos y que por esa razón estimulen la interacción con otras personas. En definitiva, asumir un poco más competencias que son más propias de la escuela, pero que en las actuales circunstancias pueden ser aportes clave para recuperar el tiempo perdido.

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