jueves 11 de agosto de 2022

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Lo llevaron al Servicio Penitenciario

Prisión preventiva para acusado de abuso sexual intrafamiliar

La denuncia se realizó en 2020, en Andalgalá. Sin embargo, en los últimos meses la causa se reactivó.

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13 de julio de 2022 - 00:15

A casi dos años de ser denunciado por un abuso sexual intrafamiliar, un hombre fue trasladado desde Andalgalá al Servicio Penitenciario Provincial, en Capayán. Días pasados, la jueza de Control de Garantías de la Segunda Circunscripción Judicial, Karina Naame hizo lugar al planteo realizado por el fiscal Martín Camps.

De acuerdo con información a la que pudo acceder El Ancasti, la denuncia fue radicada en 2020. Las hijas pequeñas del matrimonio le habían contado a su mamá sobre los ultrajes. Anoticiada de lo que estaba sucediendo en su familia, la mujer realizó la denuncia. No obstante, la instrucción –por entonces a cargo de otro representante del Ministerio Público Fiscal- no había avanzado. Meses atrás, cuando Camps toma la investigación, reimpulsa la causa. Según se indicó, oportunamente no se habían tomado adecuadamente algunos testimonios. En el marco de la instrucción, se hicieron al imputado las pericias de rigor. A la vez, se solicitó que las denunciantes puedan declarar en la Cámara Gesell del Cuerpo Interdisciplinario Forense. Tras escuchar la versión de las niñas, se agregaron nuevos hechos, que surgieron por la toma de los testimonios.

El acusado, asistido por el defensor Daniel Farroni, debe responder por varios hechos de “abuso sexual con acceso carnal agravado”. Los ultrajes habrían sido cometidos en el marco intrafamiliar.

Puertas adentro

El abuso sexual en la infancia (ASI) es una de las formas de violencia más extrema que niños, niñas y adolescentes pueden sufrir. No obstante, el dato más importante que advierten los profesionales en esta temática es que en la gran mayoría de los casos se trata de abusos sexuales intrafamiliares: padre, abuelo, hermano, tío o primo son los principales sospechosos.

El victimario realiza un abuso de poder. A través de diversos mecanismos de manipulación y amenaza, quien abusa genera en la víctima un sentimiento de culpa y vergüenza. Es por ese motivo que quienes lo sufren pueden tardar mucho tiempo, incluso años, hasta que pueden poner en palabras lo que les sucedió.

Al respecto, especialistas en esta temática advierten que la familia “puede ser un territorio favorable” para maltratar y abusar de chicos y chicas. Niños, niñas y adolescentes suelen ser silenciados por sus propios agresores, mediante distintas estrategias. El agresor sexual –quien en un gran porcentaje suele ser un hombre del círculo familiar o cercano de la víctima- se vale del miedo, la culpa y la manipulación. De esta manera, promueve la impunidad en estos actos de violencia. “Se trata de una órbita de violencia, de la familia como prisión”, se remarcó.

Además de vulnerar a niños, niñas y adolescentes, el ASI rompe a las familias. Por ello, el silencio siempre juega en contra. Los especialistas advierten que, en ocasiones, “el costo de decir puede ser más elevado que el costo de callar”.

Dado que el silencio es también la principal arma de manipulación, en materia de prevención, los expertos recomiendan que los adultos expliquen que los secretos son información o conocimiento que se reserva, es decir, se guarda de que otros los puedan saber. Los secretos crean un ambiente misterioso alrededor de las personas, pero pueden tener consecuencias positivas o negativas dependiendo de cómo se sienta quien los guarda. Precisamente esa es la clave para saber diferenciar los secretos buenos de los secretos malos; por ello se recomienda enseñar a los chicos y chicas a identificar las emociones que siente al guardar un secreto. Los especialistas indicaron que los “secretos buenos” generan en el niño o niña que los guarda una sensación de felicidad y emoción. “Cuando alguien sabe que le harán una fiesta sorpresa a otra persona y no debe revelarle el secreto, la persona será sorprendida gracias al secreto y todos pasarán un buen momento”, ejemplificaron.

Distintos estudios afines indicaron que los casos se revelarán durante la adolescencia, cuando pueden romper el pacto de silencio. Es decir, cuando la niña o el niño ya no sienta temor por las amenazas de su agresor sexual.

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