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Mirador Político

Presagios retroactivos

A Cristina Kirchner se le requería con tanta ansiedad y desde tantos ángulos una opinión...

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24 de julio de 2022 - 00:30

A Cristina Kirchner se le requería con tanta ansiedad y desde tantos ángulos una opinión sobre el rumbo económico anunciado por Silvina Batakis que terminó soltando prenda: le inquieta menos la gestión de la ministra que los efectos en la calidad de vida de los argentinos de la a su criterio nefasta Suprema Corte.

"Los argentinos y las argentinas deben saber que será muy difícil mejorar las condiciones de vida de todos y todas con esta Corte y con este modo de funcionamiento del Poder Judicial, en donde las condiciones de igualdad ante la Ley son letra muerta de la Constitución", disparó en un video de altísima calidad titulado “De la Corte ejemplar a la Corte de los cuatro: breve crónica de la decadencia”.

Mientras, fracasaba la reunión con los gobernadores que la Casa Rosada le había organizado a Batakis para tratar de neutralizar la insolvencia política emergente de una indiferencia generalizada en el oficialismo. Participaron solo cinco mandatarios, el catamarqueño Raúl Jalil entre ellos. Una orfandad estremecedora, teniendo en cuenta que el recambio en el Ministerio de Economía le sucedieron reuniones entre Fernández, Cristina y Sergio Massa de contenido reservado por imposición de la Vicepresidenta. Es lo máximo que ella concedió al robustecimiento de la sucesora de Martín Guzmán, aparte de la promesa de no “revolear ningún ministro” realizada unos días antes en una de sus clases magistrales, en El Calafate.

Pese a estas muestras de prescindencia, al día siguiente Fernández respaldó la agenda enajenada.

“He reflexionado sobre el mensaje que ayer difundió Cristina Kirchner. He visto que muchos eligen criticar las formas para evitar el verdadero problema que enfrentamos: nuestra justicia está deslegitimada y necesita, de manera urgente, una reforma profunda y democrática”, tuiteó.

Ojalá solo la Justicia estuviera deslegitimada.

A la realidad, decía Borges, le gustan las simetrías, los leves anacronismos. Por estos días aciagos, la memoria del traumático 2001 retorna con la fuerza de los presagios retroactivos.

El mensaje de Cristina fue nítido, ya no puede reprochársele el silencio. Dado el volumen político que tiene, ignorar el derrumbe económico y sus proyecciones equivale en su caso a desertar. La chance de la renuncia formal le está vedada porque fue la inventora del pergeño electoral y de gestión en colapso. Le queda tratar de reducir los daños que puedan recaer sobre su figura por el fracaso.

Simetrías, leves anacronismos. 2022 ya tiene su “Chacho” Álvarez.

El silencio de Massa puede ser considerado por Fernández una bendición.

La amenaza

Menos sutil que Cristina, su referente política, Juan Grabois enarboló el espectro del estallido social.

“No nos salgas a decir que hay que calmar a los mercados: vení y calmanos a nosotros, porque hay algunos gauchos y gauchas acá que estamos dispuestos a dejar nuestra sangre en la calle para que no siga habiendo esta hambre en la Argentina”, disparó el miércoles en una jornada de protesta.

“¿Para qué te pusimos ahí? ¡Para que haya menos pobreza, no para que haya más! ¡Es matemática, hermano! ¡Y si no te gusta el salario universal, inventá otra cosa, traé una propuesta mejor!”, añadió.

La expansión de la miseria y la informalidad laboral aceleró la reconfiguración de la escena social y obligó a los movimientos sociales a revisar sus alineamientos para no perder piso en la calle. La agresividad discursiva de Grabois responde a esa lógica: tiene que empardar al Polo Obrero y las organizaciones de ultraizquierda para pelear la hegemonía en la geografía de la pobreza y la exclusión.

Cristina pateó un hormiguero cuando convocó a terminar con la “tercerización” del asistencialismo y sacar a los movimientos sociales como intermediarios del circuito. El tiro era para el Movimiento Evita, que pretende competirle electoralmente, pero estalló como una granada en el heterogéneo ecosistema de organizaciones afianzadas con la administración de programas sociales, que ya admiten a cara descubierta que se financian con una parte de lo que reciben para morigerar la exclusión, aporte que los beneficiarios realizan según dicen en forma “voluntaria”.

Una de las derivaciones de la idea fue la reactivación de causas judiciales por extorsión a dirigentes sociales que piden una cuota de los planes. El episodio más resonante surgió de una serie de allanamientos en el conurbano contra dirigentes de la Corriente Clasista y Combativa que orienta el diputado nacional Juan Carlos Alderete, en los que se secuestraron más de siete millones de pesos y 50 mil dólares.

Hasta el Evita de Pérsico tuvo que plegarse a las protestas para no recular ante sus antagonistas.

La autonomía política de los movimientos sociales es el dato saliente en el nuevo ciclo de la pauperización nacional acelerada por la inflación y la economía desmadrada.

La burocracia política tiene miedo: sindicalistas, gobernadores, intendentes maniobran para blindarse frente a las consecuencias del reventón.

Los referentes sociales marchan juntos; la política institucional, la de los incluidos, se fragmenta. Consistencia contra inconsistencia, potencia contra impotencia, y el Gobierno raspando la olla para tratar de conseguir dólares.

El acuerdo frustrado

Horacio Verbitsky, desde su sitio digital “El Cohete a la Luna”, tiró el primer indicio de por dónde podía empezar el diálogo para el acuerdo contra la “economía bimonetaria” que postula Cristina. Horacio Rodríguez Larreta es el macrista digerible, el único que da la talla, aunque esté demasiado condicionado por la ferocidad de la interna de Juntos y no tenga el coraje necesario para dar el paso.

En una entrevista en Perfil, profundizó en el análisis.

“Yo creo que Rodríguez Larreta es el único de ellos que está en condiciones de gobernar. Porque tiene, de alguna manera, un programa, tiene equipos, está trabajando hace muchos años, es el único trabajador de todos ellos. Es un tipo que empieza a primerísima hora de la mañana y termina tarde a la noche, y recorre todo el tiempo. Es el único, no hay ningún otro, de ese sector, en esas condiciones. Y además viene de una tradición peronista y desarrollista. Ahora, después, si él va a lograr la candidatura en la interna de su coalición o no, está por verse. De lo que sí estoy seguro es de que es el único de ellos que está en condiciones de gobernar. No sé si le da para ganar la candidatura”, señaló.

El gobernador bonaerense Axel Kicillof insinuó luego la idea de que la oposición debería colaborar, pero se desdijo a las pocas horas. O lo hicieron desdecirse.

Rodríguez Larreta rechazó las insinuaciones. Con alguna sensatez: el cristinismo le propone el indulto igual que indultó en 2019 a Fernández y Massa para armar, y la aventura termina en semejante descalabro.

La escalada de la crisis alienta retornos impensados, como el del carapintada Aldo Rico, por ejemplo, o el ex vicepresidente y exgobernador de la provincia de Buenos Aires Carlos Ruckauf.

Política de nicho, cuentapropismo que apunta a capturar las porciones de consenso suficientes para intentar incorporarse como factor de alguna ecuación mayor, llegados el caso y la oportunidad, lubricado por el poder viralizador de las redes sociales.

Cuando la carne está baja, cualquier choco se le anima.

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