jueves 2 de abril de 2026
Editorial

Peligro en las escuelas: "alimentos" que no lo son

Abundan los estudios que dan cuenta del exceso de consumo por parte de toda la población...

Abundan los estudios que dan cuenta del exceso de consumo por parte de toda la población, pero particularmente de niños, niñas y adolescentes, de alimentos ultraprocesados, que son dañinos para la salud.

Los alimentos ultraprocesados son aquellos que han sufrido transformaciones respecto de su estado inicial. Cuantas más transformaciones han sufrido, menos saludables son. Los alimentos procesados, según una clasificación admitida como válida por la Organización Panamericana de la Salud, se elaboran al agregar grasas, aceites, azúcares, sal y otros ingredientes a los alimentos mínimamente procesados, para hacerlos más duraderos y, por lo general, más sabrosos. Por ejemplo, panes y quesos simples; pescados, mariscos y carnes saladas y curadas; frutas, leguminosas y verduras en salmuera, almíbar o aceite. Mientras que los alimentos ultraprocesados, que son los verdaderamente peligrosos, son formulaciones industriales –algunos nutricionistas sostienen que no son alimentos sino productos- elaboradas a partir de sustancias derivadas de los alimentos o sintetizadas de otras fuentes orgánicas. La mayoría de estos productos contiene pocos alimentos enteros o ninguno. Algunos ejemplos: papas fritas de paquete, snacks dulces o salados, helados, chocolates y caramelos, productos panificados y panes industriales, galletitas, cereales endulzados para el desayuno, bebidas gaseosas o energizantes, etc. Estos “alimentos” representan una amenaza para la salud porque tienen una calidad nutricional muy mala.

La Organización Gubernamental Fundación Interamericana del Corazón (FIC) Argentina acaba de publicar un informe que señala que el 96% de los productos envasados en los kioscos escolares son ultraprocesados. El estudio, que llega a la conclusión de que “las escuelas presentan un entorno alimentario poco saludable”, fue realizado en la provincia de Buenos Aires, pero la realidad es común a todas las jurisdicciones del país.

Un avance registrado recientemente en el país en materia de concientización de la población sobre esta temática es la implementación de la ley de etiquetado frontal, que advierte con carteles en los paquetes o envases cuáles alimentos tienen agregados de azúcar, sodio o grasas en grandes cantidades. Pero es por cierto insuficiente. La concientización respecto de la necesidad de que los chicos y las chicas en edad escolar tengan una alimentación saludable debería formar parte de reflexiones en las aulas, con docentes informados y preparados para asumir tal desafío.

Las autoridades, por su parte, deberían promover la instalación de kioscos saludables en colegios y escuelas, para que los estudiantes tengan alternativas donde adquirir productos alternativos a los que se venden tradicionalmente.

La niñez y la adolescencia son etapas de la vida clave para asimilar pautas de conductas que persistirán toda la vida. Como señala Victoria Tiscornia, una de las investigadoras del FIC, “el ámbito escolar es un espacio clave para proteger a las infancias, porque en esa etapa de la vida se constituyen los hábitos y las conductas que impactarán en el resto de su vida, por eso es fundamental que las escuelas sean entornos saludables”.

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