De las políticas de restauración y recuperación del patrimonio arquitectónico de San Fernando del Valle ha quedado al margen hasta ahora, lamentablemente, el edificio donde funciona la Corte de Justicia, que fue la casa del gobernador Francisco Ramón Galíndez.
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Patrimonio e identidad
Con locaciones hipotéticas variables, se especula desde hace tiempo con la construcción de una Ciudad Judicial para concentrar todas las reparticiones de ese poder el Estado en un solo sitio. También, de la mudanza de la Corte a otro espacio más funcional. Mientras tanto, el edificio ubicado en calle República entre Sarmiento y Maipú continúa deteriorándose.
Es una pena, porque forma parte de un bloque edilicio muy valioso desde el punto de vista cultural, concentrado en las cuatro manzanas que encierran Prado al norte, San Martín al sur y Rivadavia y Maipú al este y al oeste, y que contiene la plaza central 25 de Mayo.
Ha sido el núcleo de la vida institucional catamarqueña y tal vez convenga, por razones de identidad, mantener en él la Corte de Justicia en funcionamiento como testimonio histórico, ya que la Casa de Gobierno pasó a funcionar de hecho en lo que fue originariamente el Centro de Innovación y Desarrollo, sobre avenida Presidente Castillo.
La Casa de Gobierno se está refaccionando para transformarse en un centro cultural donde el Poder Ejecutivo tendrá espacio solo para actividades protocolares.
Fue una decisión disruptiva y no exenta de polémicas, que desplazó las actividades administrativas gubernamentales de su sitio tradicional para dignificar el ámbito emblemático del poder político provincial, que había devenido, por improvisadas adecuaciones, en un caótico entramado de cubículos, disfuncional e inseguro.
Sin embargo, aunque administrativamente el Gobierno funcione en el ex Centro de Innovación y Desarrollo y el CAPE, simbólicamente sigue estando para la gente en la esquina de República y Sarmiento, a punto tal que el acto por el bicentenario de la Autonomía de la Provincia se hizo ahí. Acertadamente, por el peso histórico que tiene el lugar en la memoria de los catamarqueños.
Del mismo modo, mantener la Corte donde está implicaría sostener viva la memoria de lo que ha significado el microcentro en la experiencia capitalina, independientemente de lo que ocurra con el inmenso resto del Poder Judicial.
Más allá de sus facultades, la Corte es el símbolo de la Justicia, de modo que sostener su localización demandaría la inversión pertinente para poner las instalaciones, que están muy deterioradas, a la altura de tal función identitaria.
Junto a la demorada recuperación del complejo del templo de San Francisco, es lo único que falta para completar el rescate del microcentro y alinearlo con obras como el Museo Caravati, en donde estaba el viejo Registro Civil, al lado del Concejo Deliberante, la casona del exgobernador Octaviano Navarro o el propio Palacio Municipal, que se hizo en la vieja estación de trenes.
En el cuarteto de manzanas está además la catedral Basílica y el Museo de la Virgen, erigido en el Obispado Viejo, y el ya mencionado complejo franciscano, cuya refuncionalización en el patio que da hacia Sarmiento y Esquiú se interrumpió. La recuperación del templo franciscano propiamente dicho, que es monumento histórico nacional, parece una quimera mientras la propia Iglesia no se decida a preservarlo. Recursos tiene.
En lo inmediato, la revalorización del edificio de la Corte de Justicia es materia pendiente en la que sería bueno ir avanzando.n