La muerte este 17 de junio de Luis Víctor “Pato” Gentilini obliga a volver la mirada hacia una de las figuras más importantes y menos difundidas de la música popular argentina. Nacido en Catamarca en 1931 y radicado desde joven en Tucumán, desarrolló una obra monumental como compositor, pianista, guitarrista, arreglador y director de proyectos vocales e instrumentales.
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Pato Gentilini y un legado inmenso
Por Claudia Regina Martínez. Publicado en El Diario Ar
Su nombre aparece asociado a grupos fundamentales como Huayna Sumaj, La Salamanca o Matamba, pero su influencia excede ampliamente esas experiencias. A lo largo de décadas construyó un repertorio de más de un centenar de obras que atraviesan zambas, chacareras, huaynos, vidalas, milongas y tangos, configurando una de las producciones más originales surgidas del norte argentino.
La importancia de Gentilini no radica únicamente en la cantidad o la calidad de sus composiciones. También fue un creador que entendió la música como una tarea colectiva. Sus arreglos, sus trabajos corales y su permanente diálogo con poetas y letristas contribuyeron a enriquecer el lenguaje de la canción popular desde una perspectiva profundamente comprometida con la identidad cultural de la región.
Por eso no sorprende que artistas de distintas generaciones hayan encontrado inspiración en su obra. Mercedes Sosa, Los Trovadores del Norte, Lorena Astudillo, Nadia Larcher y numerosos intérpretes incorporaron sus canciones a sus repertorios. Tampoco resulta casual que en los últimos años haya surgido el Proyecto PATO, una experiencia integrada por Nadia Larcher, Lucas Pierro, Patricio Gómez Saavedra, Nicolás Fernández y Gustavo Chenu, dedicada a explorar y difundir su cancionero, que se extendió entre 2015 y 2021, más o menos.