La mayoría de los deportistas de elite de Europa provienen de países que fueron colonias de países de ese continente, naciones jóvenes de África empobrecidas precisamente por el saqueo colonial a la que fueron sometidos. La derecha y la ultraderecha europea abominan de los inmigrantes de esas naciones, algunos de ellos desplazados o refugiados y también de otras del tercer mundo, a los que menosprecian y consideran invasores. Salvo, como se dijo, a los deportistas de elite, de los que se sienten orgullosos. Lo mismo sucede, aunque en proporciones menores, con hombres y mujeres de la cultura o la ciencia.
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Paradojas de la Europa blanca
Los demás inmigrantes o quienes intentan serlo, a veces sin suerte, muriendo ahogados por la precariedad de los barcos en los que se transportan, son marginados y vilipendiados por un sector de la población de la blanca Europa, que se construyó, como también se dijo, sobre la riqueza de las tierras de ultramar, a las que arrasaron.
Dos de los países donde la extrema derecha xenófoba ha ganado enorme terreno son Francia y España. En Francia, 20 de los 25 futbolistas que participaron de la Eurocopa finalizada ayer son de raza negra o descendientes de países árabes. Su máxima figura es Kylian Mbappé, descendiente de padre camerunés y madre argelina. Camerún y Argelia fueron, antes de independizarse, colonias francesas. Y Kylian, nacido en suburbio de Paris, no se olvida de sus orígenes. De allí su rechazo a los postulados de ultraderecha.
España se nutre cada vez más de deportistas cuyos orígenes son similares a los de los inmigrantes que desprecian. La gran estrella del fútbol español tiene apenas 16 años y se llama Lamine Yamal. Nació en Cataluña y criado en el barrio obrero de Mataró, es hijo de padre marroquí y de madre nacida en Guinea Ecuatorial. Yamal tampoco se olvida de sus orígenes: cuando hace un gol hace un gesto con sus manos que expresa el número 304, que es el código postal del barrio en el que creció.
Otro jugador de raza negra de la selección española de fútbol es Nico Williams, que ayer convirtió un gol decisivo. Sus padres son oriundos de Ghana y para llegar a España como inmigrantes ilegales tuvieron que cruzar el desierto del Sahara a pie y descalzos. Su madre estaba embarazada de su hermano mayor.
Mbappé, Yamal, Nico Williams y tantos otros serían probablemente discriminados, marginados, despreciados por un sector importante de la Europa blanca, como lo fueron sus padres, si no tuvieran el talento del que gozan para la práctica de un deporte tan popular.
Europa, que durante siglos vació de recursos naturales a los países del tercer mundo que hoy naufragan en la pobreza, hoy les cierra las puertas a los que intentan acceder a una vida digna, distinta de la que tienen en sus naciones de origen. Solo algunos lo lograrán, con un golpe de suerte o algún talento superlativo.