jueves 2 de abril de 2026
Cara y Cruz

Otra causa del revuelo

Al igual que la investigación abierta contra el abogado Juan Pablo Morales y varios personajes del hampa provincial por una presunta organización de narcotráfico, la causa que tiene como imputados a los ex jefes policiales de Drogas Peligrosas de Catamarca ingresó en una maraña de acusaciones y sospechas difíciles de entender. Porque tal frenesí no es impuesto por la investigación en sí, sino por artilugios abogadiles.

Todo se originó en diciembre de 2018, cuando el subcomisario Nolberto Valdez fue sorprendido en un puesto caminero con un “datero” que sería el Héctor "El Gordo Richard" Altamiranda. A principios de 2019, la Fiscalía Federal inició la investigación por graves irregularidades en varios procedimientos antidroga.

En enero de 2020, el juez federal Miguel Contreras ordenó la detención de Valdez y de Carlos Kunz, ex jefe de Drogas de Catamarca. Y a la vez avanzó con la investigación con un cúmulo de elementos de prueba, tales como audios, escuchas telefónicas, detalles de números telefónicos, informes del departamento de Personal de la Policía de Catamarca, una decena de testimoniales de policías en actividad y retirados; videos e informes patrimoniales, entre los principales.

Y en abril de ese año dictó los procesamientos de ambos ex jefes. A Kunz lo procesó por "cohecho pasivo", "organizador de comercialización de estupefacientes agravado por ser cometido por funcionario público encargado de la prevención y persecución de delitos contra la salud pública" y "sustracción de medios de prueba". En cuanto a Valdez, el juez lo acusó por ser "partícipe necesario” en esos delitos y "sustracción de medios de pruebas".

El juez encontró llamativo que el entonces jefe de Drogas no hubiera ejercido su función pública de prevenir y reprimir el delito de narcotráfico que llevaba a cabo un imputado en otra causa y declaró como arrepentido en la de Kunz y Valdez. En términos más sencillos, para la Justicia estos exjefes no solo hacían la “vista gorda” frente al delito, sino que tenían un rol activo en la organización de bandas narco, provisión y venta de drogas. O sea, directamente habían cambiado de vereda.

Siete meses después de haber quedado detenidos, Kunz y Valdez fueron excarcelados luego de pagar una caución real. Un año después, es decir, en agosto pasado, la Cámara Federal de Tucumán confirmó el procesamiento dictado por el juez Contreras.

Por esos días, Kunz había quedado sin abogado por la muerte de Ramón Robledo. Entonces contrató a Mariana Barbitta, quien en su perfil en Twitter se presenta como “abogada penalista. Profesora Adjunta (int) de Derecho Penal en la UBA. Presidenta de AMPA (Asociación de Mujeres Penalistas de Argentina). Feminista no punitivista”. Más allá de los títulos, la letrada es una obsesiva de su imagen: sonríe para los fotógrafos y rechaza las tomas espontáneas.

Por eso tampoco sorprendió que Barbitta debutara a todo show en la causa. Lo primero que hizo fue pedir los testimonios de las principales figuras del oficialismo provincial: el gobernador Raúl Jalil, la exgobernadora Lucía Corpacci y el fiscal de Estado, Marcos Denett, quien fue secretario de Seguridad cuando Kunz estaba al frente de Drogas Peligrosas. Obviamente, su intención era que todos hablaran bien de su defendido. Y así sucedió.

El más enérgico fue Denett. Dijo que Kunz “gozó” de su “mal alto respeto, tanto policial como personal”; que “tuvo resultados muy positivos, como la desarticulación del clan Argañaraz y toda la red de narcotraficantes” que dependían de esa banda; y que se “desempeñó con coherencia y compromiso”.

Sin embargo, el miércoles pasado Kunz denunció a Denett por amenazas, porque supuestamente le habría pedido que no declare contra los fiscales federales porque si no recibiría “más denuncias” y pondría en peligro su libertad ambulatoria. No hay pruebas de tales expresiones, pero sí mensajes en los que le avisaba que iría a verlo a su casa.

¿Qué ocurrió para que una advertencia o consejo personal se convirtiera en una denuncia penal por amenazas? ¿Cómo es posible que quizás el testimonio más valioso a favor de Kunz se arruine por este episodio? ¿Celo profesional?

Lo cierto es que Denett, el exjefe de Kunz en su gestión al frente de Drogas, pasó de ser el testigo privilegiado al cómplice de sus acusadores. Barbitta está en acción.

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