La intendenta de Fiambalá Roxana Paulón y el Concejo Deliberante de Fiambalá perdieron una oportunidad inmejorable para echar luz sobre las sospechas que recayeron sobre la jefa comunal...
La intendenta de Fiambalá Roxana Paulón y el Concejo Deliberante de Fiambalá perdieron una oportunidad inmejorable para echar luz sobre las sospechas que recayeron sobre la jefa comunal en relación con una supuesta inversión de fondos del municipio en la financiera de Edgar Adhemar Bacchiani. La interpelación, un acto que debería ser normal dentro del gobierno democrático municipal, no pudo concretarse porque ambas partes intentaron obtener su propio rédito político.
La sesión fracasó cuando la intendenta Roxana Paulón ingresó al Concejo Deliberante para dar respuesta a un cuestionario que ya conocía de antemano. La oposición, que es mayoría en el CD, la frenó en la puerta porque consideró que debía ingresar solo con un asesor que no tendría la palabra. Paulón había llevado a su propio equipo de prensa, otros medios afines al municipio la acompañaban también para difundir su versión de los hechos. Además, concurrió con un grupo de militantes que apoyaba a la jefa comunal.
Los ediles impidieron la presencia del equipo del municipio basándose en un artículo de la ley Orgánica de Municipalidades –que data de la época de la intervención federal (1991)- y que quedó desactualizada para los tiempos que corren. Es cierto que se trata de la normativa que hoy rige a los municipios, pero también hay disposiciones que se volvieron inaplicables porque contradicen hasta el sentido común. En efecto, el artículo 31 de la normativa establece que “las sesiones del Concejo serán públicas, salvo que en cada caso en particular, la mayoría resuelva que sean secretas, por así requerirlo la índole de los asuntos a tratar”.
El Concejo quedó enredado en su propia trampa. Convocó a la jefa comunal con la intención explícita de conocer la versión de los hechos, pero decidió que la sesión sea secreta en tiempos en que la publicidad de todos los actos de gobierno es primera. Según el plan que tenía el cuerpo, se grabaría la sesión y luego, se daría una conferencia de prensa para informar a los medios. Sin embargo, con las posibilidades que hoy permite la tecnología el mismo Concejo podría haber garantizado que la palabra de la jefa comunal llegue en ese mismo momento a la comunidad .
Al acusar censura a la prensa, Paulón encontró un motivo que le vino justo para reprobar la actitud del Concejo que fue una piedra en el zapato de su gestión. Parada en la puerta del edificio del CD le reprochó a la oposición “una actitud de persecución y hostigamiento”. Y como no se cumplían las condiciones que ella pedía para sentarse frente a los concejales optó por retirarse del Concejo, luego de protagonizar un tenso cruce.
De esta manera, la esperada sesión de la interpelación concluyó con una puesta en escena que profundizó las dificultades para la transición. La intendenta también perdió la oportunidad de contar su versión y se retiró del Concejo sin explicar la trama cuando podría haber aceptado sentarse y responder a las preguntas de los ediles. “No hago actos a escondidas ni a espaldas del pueblo”, afirmó Paulón y cuestionó que la fuente de información de los concejales sean las publicaciones de los medios y las redes sociales.
De esta manera, el Concejo y la intendenta de Fiambalá desaprovecharon la oportunidad que proponía la sesión y se perdieron en el laberinto de su propio interés político.