viernes 27 de mayo de 2022

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Editorial

(No) todas las vidas valen lo mismo

Los problemas que padecen los pueblos originarios en la Argentina, y en casi todos...

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26 de enero de 2022 - 02:10

Los problemas que padecen los pueblos originarios en la Argentina, y en casi todos los países donde tienen presencia significativa, no tienen la repercusión pública que sí se advierte cuando un drama afecta a otros estamentos de la sociedad. No es casual: la marginación que sufren se observa también en el escaso impacto público de las tragedias que los implican a diario.

Un femicidio es siempre un delito aberrante, y todas las vidas valen lo mismo, aunque a veces parezca que no, porque si la víctima pertenece a una comunidad que habita el monte chaco-salteño la importancia parece devaluarse dolorosamente. Pocos conocen el crimen de Pamela Julia Fores, una niña wichi de 12 años que vivía en una localidad rural del norte de Salta. Si el hecho hubiese acontecido en una gran ciudad de la Argentina y la pequeña perteneciese a otro sector social, la repercusión del espantoso femicidio sería claramente otra.

Para que el caso salteño tomara estado público debieron intervenir activamente una serie de ONG, de derechos humanos y de defensa de las comunidades indígenas, que solicitaron al gobierno salteño y al argentino el urgente esclarecimiento, además de demandar se orienten recursos para garantizar los derechos de los niños de esos grupos altamente vulnerables.

Pamela fue asesinada violentamente entre el 12 y el 15 de enero. Según las pericias, el deceso se produjo a raíz de haber un profundo corte en el cuello. Lo que las pericias aun no determinaron es si, como denuncian los familiares de la niña, fue también violada.

Por el hecho hay un joven detenido. Pero se sospecha que podrían haber sido más los victimarios, y que antes de su muerte habría sufrido una violación grupal. Deberá la Justicia determinar sin margen para la duda si el hecho ocurrió de esta manera o no. Pero la posibilidad de la violación grupal se sustenta en una vieja y repudiable práctica conocida como “chineo”.

El “chineo” es una violación en manada, en la que los victimarios son hombres blancos, criollos, y las víctimas niñas de entre 8 y 11 años, generalmente, pertenecientes a comunidad aborígenes. El abuso sexual funciona -según explican las organizaciones indigenistas que hace mucho tiempo vienen esclareciendo sobre el tema y exigiendo, con poco éxito aún, ejemplar castigo a los culpables- como una manera de “marcar propiedad” sobre los pequeños cuerpos. Se trata de una costumbre que tiene sus raíces en la época de la conquista y que se extiende hasta hoy, algo similar a lo que se conoce popularmente también como “derecho de pernada”.

Es deber del Estado argentino y sus instituciones investigar los crímenes que se cometen sin observar la condición o el origen social de las víctimas, castigando a los culpables en base a lo que establecen las leyes penales, pero también intervenir activamente para desterrar de una vez y para siempre prácticas abominables que están instaladas como habituales en determinados contextos y que gozan de una impunidad que avergüenza a la condición humana.

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