Escorado en el Congreso y obligado a buscar un acuerdo fiscal con los gobernadores para resolver su fragilidad institucional, el Gobierno nacional trata de disimular sus carencias políticas con la exacerbación de peleas puntuales y el estímulo a causas de corrupción contra personajes emblemáticos.
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No tan inagotable
Escorado en el Congreso y obligado a buscar un acuerdo fiscal con los gobernadores para resolver...
La convocatoria a la rebelión fiscal contra la suba de impuestos del gobernador bonaerense Axel Kicillof, las permanentes novedades sobre el escándalo de los seguros de organismo estatales contratados a través de “brokers” presuntamente recomendados por el expresidente Alberto Fernández y la denuncia contra el jefe del Movimiento Evita y exfuncionario del Ministerio de Desarrollo Social Emilio Pérsico por direccionar 473 millones de pesos hacia cooperativas de las que formaba parte, son los puntos más destacados de esta estrategia, en la que adquiere cada vez mayor protagonismo como ariete la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello.
La gestión de lo que Javier Milei denomina la “casta” conformó una valiosa cantera de insumos para la prédica libertaria, cuyos disparos empiezan a concentrarse cada vez más específicamente en el kirchnerismo. De allí obtiene Milei el oxígeno retórico para esconder entre diatribas la ausencia de resultados económicos de su gestión, los resonantes fracasos acumulados en sus primeros cien días en la Casa Rosada y el sufrimiento que hace pagar a la sociedad para satisfacer la meta del déficit cero.
Brutal licuación de jubilaciones y salarios, postergación del pago de deudas paralela a la acumulación de compromisos multimillonarios a futuro y recorte abrupto de las partidas a las provincias son las principales maniobras que implementa el ministro de Economía Luis “Toto” Caputo para que le cierren los balances, aunque la consecuencia sea una recesión bajo la cual se desploma la recaudación.
Gracias a los desatinos y la rapacidad de la “casta”, a Milei le alcanza sin embargo para continuar maniobrando de acuerdo con el irónico concepto de Perón: no es que nosotros seamos buenos; los otros son peores. En el país de los ciegos…
Era evidente ya en la campaña electoral rumbo a la Presidencia. Que el ministro de Economía y candidato oficialista Sergio Massa mantuviera competitividad pese al desastre que había generado solo podía explicarse por las modestas cualidades de sus oponentes. Ganó la primera vuelta y Milei lo batió en el balotaje, donde sumó casi la mitad de su caudal electoral definitivo. Al electorado, finalmente, le pareció tan peor Massa abrazado al kirchnerismo que se inclinó por la incertidumbre de Milei.
El problema que empieza a cernirse sobre la gestión libertaria es el eventual agotamiento de la cantera de justificativos y el peligro de que la picardía de Perón se les dé vuelta, y sean sus enemigos los que queden en la posición de decir que son menos peores que Milei.
De hecho hay un indicio concreto de los límites que tiene la cantera de la “casta”: la caída del nivel de la imagen de Milei es insignificante, pero tampoco crece. Está estancado, y cabría deducir que esto obedece a que los ataques y desbordes que le resultaron tan fructíferos en campaña, e incluso en los primeros tramos de un mandato iniciado con un discurso de espaldas al Congreso, han perdido su filo.
En los intentos por recuperar eficacia proselitista, quizás las causas contra Fernández y Pérsico todavía ofrezcan posibilidades, pero la convocatoria a no pagar los impuestos levantados por Kicillof, proferida por el diputado José Luis Espert y avalada por el Presidente, entraña proyecciones peligrosas que, es pertinente recordar, están en el corazón del pensamiento de Milei: el Estado es una organización criminal y los impuestos son el robo que la financia. Abstenerse de pagarlos es, desde esta perspectiva, hasta un deber moral.
¿Qué pasaría si semejante concepción se extiende? Es un interrogante que a Milei le convendría hacerse, al margen del provecho que calcule podría sacar de polarizar con un emblema del kirchnerismo como es el gobernador bonaerense.