Es de esperar que Pedro Saracho honre la generosidad que se atribuyen los “zurdos” y recompense, cuando advenga la revolución, los valiosos servicios prestados a la causa por el concejal capitalino Diego Figueroa, también conocido como “El Ario”.
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No hay Nopucid contra los piojos resucitados
El conocido referente de la izquierda catucha no podría haber encontrado mejor jefe de campaña. El posicionamiento que al diputado Javier Galán, por ejemplo, le cuesta horas de difusión por las redes sociales de “actings”, rifas, reflexiones sobre los más diversos temas y levantamiento de pesas, Saracho lo consigue sin despeinarse gracias a la fijación que Figueroa tiene con él.
Un verdadero portento estratégico, “El Ario”, no hay “community manager” que lo emparde. Santiago Caputo anda preguntando de dónde salió semejante fenómeno, los dirigentes que trajinan el ecosistema virtual en busca de “likes” y viralizaciones, que por poco no se hacen grabar por sus equipos de comunicación sentados en el baño, envidian la suerte del joven trosko. Más de uno está pensando en marchar en serenata a la casa de Figueroa para cantarle “ódiame por piedad, yo te lo pido, ódiame sin medida ni clemencia”.
En su última incursión, “El Ario” logró las hazañas simultáneas de unificar a casi todo el arco político en el repudio a los improperios que le dedicó a Saracho y visibilizar la modesta protesta que éste había organizado contra la visita de Javier Milei. Perfeccionó el meritorio doblete con la frutilla del postre de que lo excluyeran de la foto que buscaba con el Presidente.
Expectante por colgarse del saco de Milei, Figueroa había difundido un video advirtiéndole sobre la movilización que planeaba la peligrosa izquierda.
"Trabajan de insultar, de agredir y reclamarle a Dios si pudieran. Lo único que le pido a estos tipos, a esta gente, realmente, es que se bañen. A los vecinos de la zona donde van a concentrarse: si no se bañan, va a haber mucho olor; no pasen por ahí, porque esta gente le tiene alergia al shampoo y al Nopucid", recomendó.
Saracho, chocho de la vida. Cada vez que Figueroa abre el pico en su contra siente que baja de la Sierra Maestra ¿De dónde le vendrá la inquina? El muchacho ignora el origen de la obsesión, pero ni falta que le hace saberla. Le va a meter una demanda y capaz que hasta consigue sacarle unos pesos. “Repudiamos el planteo supremacista que tiene la crítica de Figueroa”, anticipó.
El concejal capitalino proviene del PRO, cuya filial local acentuó la decadencia bajo su conducción. Consiguió no obstante una banca municipal, en la que rápidamente se puso la “peluca” para convertirse en propalador de las consignas libertarias más brutales y grotescas.
Al influjo de la fe del converso, alumbró iniciativas célebres como la de perseguir pordioseros y “trapitos” para que no molesten ni comprometan la estética de locales gastronómicos y esquinas.
Una de sus puestas más exitosas fue la de repartir nylons y palets para contribuir a la urbanización de asentamientos populares. Se desconoce si abonó algo en concepto de cachet a los extras de la escenificación o si los plásticos y maderas fueron una retribución en especie. Le falta caracterizarse como el “Joker”.
Toda su bien ganada fama de energúmeno, adicional a la que había obtenido al proponer que la Cámara de Diputados condecorara a Edgar Adhemar Bacchiani, la puso al servicio de Saracho y la izquierda, que se han abandonado a la vagancia que les recrimina con tanto entusiasmo autodenigratorio ¿Para qué se van a gastar, si el edil les hace la campaña con tanta solvencia?
Es para compadecerse de los esforzados políticos tradicionales. Las millonadas que se gastan en asesores, comunicadores y publicidad, para venir a descubrir que tenían tamaña potencia propagandística disponible, gratis.
En la línea metafórica de Figueroa: qué suerte la de Saracho haberse echado como enemigo a tan exacta encarnación del piojo resucitado.
No se inventó el Nopucid que contarreste esa pediculosis.
