Según el canciller Santiago Cafiero, el Presidente es protagonista de un fenómeno de escala planetaria. “Se ha despertado un interés por escuchar a Alberto Fernández en el mundo, y eso se ve”, aseguró.
Según el canciller Santiago Cafiero, el Presidente es protagonista de un fenómeno de escala planetaria. “Se ha despertado un interés por escuchar a Alberto Fernández en el mundo, y eso se ve”, aseguró.
Son unas consideraciones muy osadas en estos momentos de tensión que atraviesa la alianza gobernante por el tema del FMI. Con lo celosos que son los kirchneristas, podrían interpretar que Fernández pretende competirle a Cristina en el terreno de las disertaciones internacionales, más cuando el análisis proviene de uno de los miembros del “entourage” albertista más detestados por los acólitos de la Vicepresidenta.
Pero algo entiende Cafiero de alta política, por algo es nieto del legendario Antonio. Mostró las uñas de guitarrero con la sutil operación que lo catapultó desde la Jefatura de Gabinete a la Cancillería, en la crisis política intestina posterior a la derrota en las primarias del Frente de Todos. Se encargó personalmente de comunicarle el reemplazo a Felipe Solá, que iba rumbo a México en un avión de la Fuerza Aérea para participar de la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), donde Alberto sería designado presidente pro tempore. Solá recibió la noticia en El Salvador. Llegó a México ya destituido.
La presidencia de la CELAC tuvo que esperar unos meses más. Tal vez fue una ironía que Cafiero nieto informara sobre el interés ecuménico en la palabra del Jefe de Estado argentino desde la caribeña Barbados, en el cierre de la gira presidencial.
Como sea, debe reconocerse que el mandatario tuvo expresiones de amplia repercusión en el periplo. Ante el ruso Vladimir Putin, por ejemplo, expresó la intención argentina de independizarse del FMI y los Estados Unidos y ofreció al país como “puerta de entrada” de Rusia a América Latina. También fue muy celebrada su frase al líder chino Xi Jinping: “Si usted fuera argentino, sería peronista”.
La perspectiva de Cafiero explica en parte estas heterodoxias diplomáticas. La palabra presidencial se ha convertido en una veta interesante a explorar para mejorar el posicionamiento argentino en el concierto de las naciones, sea en ámbitos académicos, cumbres de líderes políticos o el mundo del “stand-up”. Primero está la Patria, decía el General. Es lo que hay, dicen otros.
Eso si, será muy difícil empardar el “capo labore” del año pasado en España, cuando en presencia del presidente Pedro Sánchez, para enfatizar su “europeísmo” del mismo modo que ahora cultiva el “multilateralismo”, atribuyó una frase de Lito Nebbia al intelectual mexicano Octavio Paz. “Los mexicanos salieron de los indios, los brasileños salieron de la selva, pero nosotros los argentinos salimos de los barcos”.
Un éxito insuperable, que empalidece el recuerdo de otros, como el de la imitación de la tonada esdrújula riojana. Es el problema de ser tan prolífico.
Evo Morales, sorprendió una vez Alberto, por caso, fue “el primer presidente que se parece a los bolivianos”.
En lo más álgido de la pandemia, acuñó creaciones memorables.
“La Organización Mundial de la Salud recomienda que tomen muchas bebidas calientes, porque calor mata virus”, recetó en una ocasión.
Con el escándalo de las vacunaciones VIP, que lo obligó a despedir a Ginés González García del Ministerio de Salud, les recordó a los jueces: “No hay ningún delito en la Argentina que diga: será castigado el que vacune a otro que se adelantó en la cola”.
“Vayan y contágiense”, intimó en otra oportunidad, cuando bregaba para que los argentinos se vacunen.
“A mí me pueden atribuir cualquier cosa, menos vocación de dialogar y encontrar acuerdos”, se ufanó durante la controversia con Horacio Rodríguez Larreta por las clases presenciales.
El repertorio es infinito y delicioso. Mal que les pese a los cristinistas, los méritos del Presidente son indiscutibles.