Si bien el éxito parece ser a esta altura inescindible del Poncho, la edición que concluye hoy ha sido particularmente impactante como muestra del desarrollo turístico que ha experimentado Catamarca después de la pandemia. Es como si en los diez días de la Fiesta se hubieran condensado todos los elementos de ese proceso para verificar el posicionamiento que ha logrado la provincia como destino.
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Más Poncho que nunca
Al frente de la Dirección de Turismo, Raúl Federico Argerich la concibió en 1967 como un festival para “aglutinar todo el quehacer de los catamarqueños” y exhibirlo en las vacaciones invernales, con los tejidos y artesanías como corazón del evento junto al espectáculo nocturno. Acercándose a los 60 años, la evolución que ha tenido el Poncho demuestra lo acertado del criterio. No existe en todo el país un acontecimiento cultural de características similares, que exponga la cultura de toda una provincia en el más amplio sentido de la palabra. De ahí el arraigo que ha logrado en el sentir de la gente.
De las artes a la producción, todas las facetas de la catamarqueñidad se concentran en el Predio Ferial, donde conviven las tradiciones más ancestrales con la tecnología de última generación, los emprendimientos más grandes con los pequeños emprendedores.
El Poncho es una síntesis de la provincia, se agranda con cada edición y multiplica su poder de convocatoria. Es una construcción colectiva cabal, que genera recursos y contribuye a la calidad de vida con trabajo genuino.
Este año recibió las distinciones Marca País y Argentina Federal, por su representatividad y aporte al desarrollo económico y turístico.
Para todos los gustos
Esta edición habilita un análisis más ajustado que la del año pasado, donde la apabullante masividad alcanzada podía atribuirse en gran medida a la salida del largo confinamiento decretado por la pandemia. La concurrencia ha sido incluso más alta, intensa y sostenida durante todas las jornadas, con localidades agotadas en la mayoría de las noches del Escenario Mayor.
La oferta artística es una de las características singulares del Poncho, tal vez el elemento que con más claridad muestra cómo pueden conjugarse de modo virtuoso los productos de la industria cultural de alcance nacional con las expresiones locales. A diferencia de lo que ocurre en festivales como Cosquín o Jesús María, el Poncho cuenta con una fortísima presencia de números provinciales. Las figuras nacionales traccionan espectadores y sería insensato negar su gravitación en la convocatoria, pero el Escenario Mayor es una gran oportunidad para los artistas provinciales, que se muestran y también arrastran su público.
Esta lógica se ha trasladado al Patio de las Provincias, habilitado el año pasado, que se afianza como punto convocante.
La propuesta es ecléctica, no se circunscribe al folklore y el resultado es muy atractivo.
La variedad va de la mano con una calidad creciente, notoria en las instalaciones gastronómicas y en los stands. La precariedad de los tradicionales “ranchos” ha quedado definitivamente atrás. Hay espacios que se afianzan como clásicos, como el Poncho Diseño, el Poncho Audiovisual, el Pabellón Turismo o el Patio Cervecero.
La exposición de las artesanías se completa con las de la producción agropecuaria, agroindustrial, industrial y tecnológica.
Instalación
La afluencia de turistas marca el acierto de haber apostado a la promoción a través de figuras nacionales. Catamarca ha dejado de ser un destino marginal y se instala cada vez con más fuerza. Las plazas hoteleras capitalinas estuvieron ocupadas prácticamente a pleno y el área turística de la Municipalidad registró mayor tiempo de permanencia.
El Poncho es, en tal sentido, una vidriera de importancia superlativa para exhibir la oferta de todo el territorio provincial y es notable cómo cada vez más provincias se suman para mostrarse al país.
Este es un dato importantísimo, que establece una especie de bisagra: ya no se trata de capturar la atención de los catamarqueños, sino de gente de todo el país que se da cita en Catamarca durante las vacaciones de invierno y tiene en el Poncho su espacio de encuentro más importante. Es un indicador del alcance y repercusión logrados por el Poncho, que plantea nuevos desafíos.
Las evaluaciones parciales anticipan un nuevo récord de la temporada en términos de visitantes y movimiento económico.
En los primeros seis días, el Ministerio de Economía y el Banco Nación relevaron 8.200 transacciones con tarjetas de crédito a través del programa “Poncho de Ensueño”, por un volumen total de $99.140.732,20. Esto promedia, solo con esta promoción, un movimiento económico de $16,5 millones diarios.
“El turismo lo que hace es esto: derramar hacia todos los sectores, el comercial, el industrial, el pequeño emprendedor. A este tipo de dinero con los feriados largos no lo habíamos visto cuantificado, hoy sí se lo puede ver”, dijo el presidente de la Unión Comercial, Sebastián Luna Guzmán.
Esta semana estarán los números definitivos, pero no hace falta esperarlos para advertir el impacto que ha tenido la Fiesta.
Es motivo de legítimo orgullo para los catamarqueños, cuya identidad late con más fuerza en cada celebración.
Por supuesto, hubo ediciones excepcionales antes también, es una historia que lleva más de medio siglo. Sin embargo, cuesta encontrar precedentes de volumen y calidad similares a los alcanzados ahora.
Este año, el Poncho fue más Poncho que nunca.