miércoles 23 de septiembre de 2026
Editorial

Más cerca de una crisis ambiental sin precedentes

El concepto de límites planetarios, formulado en 2009 por un equipo de investigadores vinculado al Centro de Resiliencia de Estocolmo, es un marco científico riguroso que identifica nueve procesos naturales -el clima, la biodiversidad, el uso del suelo, el agua dulce, los flujos de nitrógeno y fósforo, los contaminantes sintéticos, la acidificación oceánica, el ozono estratosférico y la carga de aerosoles atmosféricos- cuyo equilibrio conjunto sostiene las condiciones bajo las cuales se desarrolló la civilización humana durante los últimos diez mil años. La actualización 2026 de ese informe, difundida esta semana, confirma que siete de esos nueve límites ya fueron superados y que, por primera vez, todos empeoran de manera simultánea.

Los números difundidos por los expertos respaldan la advertencia. La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera alcanzó las 426 partes por millón, muy por encima de las 350 que el propio marco científico establece como margen seguro. El océano, que absorbe buena parte de ese exceso, redujo su pH en aproximadamente 0,1 unidades desde el inicio de la era industrial, lo que equivale a un incremento de entre el 30 y el 40 por ciento de su acidez, con consecuencias directas sobre arrecifes de coral, moluscos y pesquerías. Los bosques, que durante décadas funcionaron como sumideros naturales de carbono, muestran señales de agotamiento por efecto del calor, la sequía, los incendios y la fragmentación de los territorios. A esto se suma la acumulación acelerada de plásticos, pesticidas y compuestos sintéticos.

Un reciente informe sobre límites planetarios constató que la crisis ambiental se agrava rapidamente en siete procesos naturales sobre nueve posibles. Un reciente informe sobre límites planetarios constató que la crisis ambiental se agrava rapidamente en siete procesos naturales sobre nueve posibles.

Solo dos indicadores permanecen dentro de un rango considerado seguro: el agotamiento de la capa de ozono estratosférico y la carga global de aerosoles atmosféricos. La recuperación sostenida del ozono, resultado directo del Protocolo de Montreal firmado en 1987, demuestra que cuando existe consenso científico, voluntad política y cooperación internacional efectiva, es posible revertir una tendencia que en su momento también parecía irreversible.

Conviene subrayar, como lo hacen los propios autores del informe, que superar un límite planetario no equivale a una catástrofe automática ni a una cuenta regresiva hacia una fecha precisa. Se trata, en cambio, de umbrales que marcan el ingreso a una zona de riesgo creciente, donde las probabilidades de alteraciones difíciles de revertir aumentan de manera significativa. Pero esa distinción técnica no debe transformarse en una excusa para la inacción.

Frente a un diagnóstico de esta magnitud, ya no alcanza con declaraciones de buena voluntad ni con compromisos que se renuevan cada año en cumbres internacionales sin traducirse en resultados concretos. Es imprescindible que los gobiernos de todos los países, en la misma medida que los organismos supranacionales, intervengan de manera decidida, coordinada y sostenida en el tiempo para revertir una tendencia que, de no modificarse, conduce al planeta hacia una crisis ambiental sin precedentes.

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