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Editorial

Marginada por mujer, mestiza y plebeya

4 de marzo de 2023 - 01:05

Como sucedió con Martín Miguel de Güemes, Juana Azurduy recién fue reivindicada como una de las próceres de la historia argentina dos siglos después de su heroica actuación en las luchas por la independencia. Ayer se cumplieron precisamente 207 años de la mayor gesta protagonizada por ella, quien, al frente de 200 mujeres indias a caballo, derrotó en una batalla a las tropas realistas, logrando deteriorar las posiciones territoriales enemigas y liberar a su marido, que estaba prisionero. Por esta acción, hasta no hace mucho poco conocida, fue nombrada teniente coronel. Y ascendida a generala post mortem hace algunos años.

La reivindicación de Azurduy, la primera mujer con rango militar en América del Sur, es el resultado de una lectura revisionista de la historia nacional, que durante más de los primeros cien años de vida de la Argentina como país fue hegemonizada por una visión parcial, la denominada historia oficial, que instaló como verdad absoluta relatos incompletos, distorsionados y, fundamentalmente, severas omisiones. Durante el siglo XX empezaron a proliferar autores que rescataron del olvido episodios claves de la historia argentina y personajes que cumplieron roles relevantes en el devenir de la patria. Pero no fue sino hasta las últimas décadas que esta lectura reinterpretativa, que apunta a romper con el pensamiento único cimentado durante mucho tiempo por la historia oficial, cobra mayor fuerza.

De ese modo emerge la imagen de la luchadora del Altiplano, cuyo nombre apenas se conocía por narraciones fragmentadas y muy localizadas, o por la canción compuesta por Ariel Ramírez y Félix Luna para la clásica obra "Mujeres Argentinas", grabada por Mercedes Sosa en 1969.

Sin embargo, su figura fue muy popular en su época. José de San Martín, por ejemplo, la describió como "la valiente amazona de la independencia". Pero a partir de la segunda mitad del Siglo XIX empezó a desvanecerse como resultado del olvido a la que la condenaron los historiadores liberales de esa época. Era mujer, mestiza y plebeya, a diferencia de los próceres destacados por esa historiografía, varones blancos de clases acomodadas.

Pero la lucha por la independencia fue una gesta popular, en la que participaron todos los sectores sociales, poniendo el cuerpo y entregando sus vidas sobre todo negros, indios y mestizos. Los sectores populares de la Argentina naciente luchaban por la independencia, pero también por un futuro de mayor igualdad social. Y así como no es extraño que Juana Azurduy fuese ignorada por la historia oficial, es inevitable que nuevas lecturas la reivindiquen como una figura representativa del segmento más vulnerable de esa humanidad conformada por sectores heterogéneos, aunque unidos por la vocación independentista.

Por último, Azurduy, nacida en el Alto Perú, actual Bolivia, simboliza un destino subcontinental que fue común hace dos siglos y lo es también ahora, aun en un mundo globalizado, porque está integrado por naciones con orígenes similares y un futuro de complementación ineludible.

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