Desde su primer video en Instagram, en el que se arrojó una tostada con dulce en la cara, hace ya varios años, la fama de Santiago Maratea no ha parado de crecer, particularmente desde que se dedica a realizar colectas para ayudar a personas o instituciones. Su último desafío es lograr recaudar 20 millones de dólares para el club Independiente, del que se hizo hincha y socio en los últimos días, luego de ser simpatizante de River, Boca y Racing.
Las campañas que organiza han sido siempre exitosas, pero también objeto de las más variadas polémicas. Los fondos recaudados por Maratea, que aclara que no hace caridad y justifica su alto nivel de vida en los ingresos que le reporta su rol de influencer, llegan rápidamente a destino y solucionan necesidades puntuales. A veces el voluntarismo y la inexperiencia le juegan una mala pasada. Como cuando reunió recursos para donar a una comunidad wichi, y la operatoria financiera no cumplió con las normas de la AFIP y además terminó involucrado en una disputa interna de la propia comunidad, pues muchos de sus miembros cuestionaron el destino de los bienes reunidos.
Es que la realidad argentina es mucho más compleja que la que se puede visualizar desde las pantallas de los dispositivos electrónicos.
Las campañas del joven influencer tienen éxito porque muchos argentinos no confían de quienes administran el Estado. No solo de los gobernantes actuales, sino de todos los que alguna vez estuvieron en ese lugar. Por cierto, el Estado vuelca miles de millones de recursos cada año para ayuda social, pero por insuficiencia de recursos, mala administración o hechos de corrupción –o un poco de todo eso-, es necesario el aporte de otras organizaciones solidarias o de colectas como la de Maratea.
Juan Carr, creador de Red Solidaria, señala que “los sectores antipolítica multiplican la idea de que lo que hace Maratea es lo que tendría que hacer el Estado. El Estado hace un montón de cosas, pero esta batalla tal vez viene desde Rivadavia y las damas de Beneficencia, o desde morenistas y saavedristas. La novedad es la aparición de un emergente, un joven que hace una cosa genial, y remueve el debate”.
Las campañas de Maratea, u otras circunstanciales que puedan organizarse, son positivas porque apuntan, y generalmente lo logran, a cumplir el fin de ayudar a personas o instituciones, pero tienen como restricción que son específicas, aisladas, no se sostienen en el tiempo y no pretenden corregir asimetrías sino atacar alguna de sus consecuencias puntuales. Las ONG –las serias, no las que se conformar para “currar”- tienen mayor experiencia, continuidad y aspiran a modificaciones parciales pero más de fondo de la realidad social. Y es el Estado, en definitiva, el que tiene la misión fundamental de contener a los sectores más desprotegidos, o solucionar los problemas surgidos de alguna emergencia. Pero mientras persistan las necesidades de los sectores con sus derechos vulnerados, las colectas serán bienvenidas.