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Los políticos en modo 2023 y la gente no llega a fin de mes

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14 de junio de 2022 - 00:10

Señor Director:

A esta altura, el valor y la fuerza de la palabra presidencial como la de los políticos en general, son incoherentes, contradictorias e irrelevantes en sus actos cotidianos, en la misma medida que nos privan de las garantías constitucionales.

Nada discursivamente ético en la casta política, nada que salpique al menos un palpable bienestar, constitucionalmente comprometido.

Evidentemente ha sido muy grande la pérdida de los valores morales de nuestra sociedad, que no encuentra calificativos para la corrupción que desde el poder se ha infiltrado entre nosotros.

Hoy solamente mencionando la falta de gas en las escuelas rurales con temperaturas bajo cero, se podría explicar la denigrante desigualdad imperante en nuestro pueblo; así, el pueblo queda reducido a la indiferencia.

Desabastecimiento... Inauditamente, desde hace un mes no hay combustible ni neumáticos disponibles para trasladar personas (enfermos, educadores, alumnos, trabajadores y médicos rurales); cosechas, cargas, etc.

En paralelo y cuando transcurrimos el primer cuarto de este siglo XXI, el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) continúa ajena a todo sacrificio compartido y a todo federalismo, pero muy celoso de sus privilegios unitarios o “bonificaciones excluyentes” durante las dos últimas décadas, como por ejemplo con sus consumos abusivos y leoninos de luz, gas, agua potable, transporte urbano y más. Servicios esenciales con tarifas extravagantes, conforme lo acaba de admitir oficialmente en su carta de renuncia el exministro Matías Kulfas.

Así las cosas, solo desde la educación se puede y se debe trabajar para aspirar a un país más justo y federal, con real igualdad de trato y de oportunidades, algo que con enojo y desazón tampoco se verifica, como señalamos antes, en postergadas escuelitas rurales argentinas, no obstante la supremacía constitucional del artículo 75, inc. 19 del año 1994: “Proveer lo conducente al desarrollo humano… al crecimiento armónico de la Nación y al poblamiento de su territorio; promover políticas diferenciadas que tiendan a equilibrar el desigual desarrollo relativo de provincias y regiones…”.

Abandonando indignas mansedumbres, demos voz y voto a nuestras necesidades básicas, enfrentando pacífica e hidalgamente a los responsables de sus insatisfacciones, enfrentando a todo lo que nos desiguala, enardece, incomoda, posterga y empobrece como nación, porque Argentina es mucho más que el AMBA; la Patria es todo el territorio donde nuestros hijos se deben alimentar, educar, crecer, curar, convivir en paz y progresar seguros; conforme a esa igualdad del Himno Nacional: “…oíd el ruido de rotas cadenas, ved en trono a la noble igualdad, ya su trono dignísimo abrieron las Provincias unidas del Sud...”.

En estos tiempos de confusión, desasosiego y desencuentros, de lacerantes desigualdades y falta de referentes, cuando se ha perdido la confianza en el sistema, en sus representantes y en sus instituciones, cada vez que los jóvenes son engañados o los mayores traicionados, más que nunca nos necesitamos los unos a los otros porque todos somos importantes, pero antes todos debemos sentirnos -noble y cabalmente-, tan importantes e iguales, con absoluta prescindencia del lugar de nacimiento.

Más que una crisis económica o financiera, nuestro país enfrenta una inédita crisis ética de su esquema de vida, no obstante lo cual asombra el conformismo con que gran parte de la sociedad lo contempla y padece.

Finalmente, es un derecho y una obligación restaurar la memoria y reclamar un futuro verosímilmente auspicioso para una juventud que necesita reconocerse y ser reconocida, antes que emigrar; para nuestros mayores sobrevivientes que trabajaron y aportaron en serio, no para que los políticos transaran su merecidísima dignidad jubilatoria por ascuas permanentes e inmediatas.

Por último, tal vez no sepamos cuál es el camino ni sepamos por dónde se llega antes, pero sí sabemos qué caminos son los que no debemos volver a transitar, porque Argentina nunca fue tan mezquina y desalmada, ni habitada por espectadores y víctimas que, alienadamente, parecieran esperar que nos salven los mismos que nos trajeron hasta aquí.

Roberto Fermín Bertossi

Docente e investigador universitario

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