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Editorial

Liderazgos compartidos, oportunidad para el consenso

4 de febrero de 2022 - 00:20

Las evidentes diferencias que existen en el seno del oficialismo nacional en torno al acuerdo con el FMI y respecto de otros temas de gobierno minen el poder del presidente Alberto Fernández, pero no implica el fortalecimiento del sector disidente, en este caso el kirchnerismo. La alianza que permitió el acceso al poder del Frente de Todos atraviesa una frágil coyuntura. Fernández no es ni por cerca el líder del espacio, pero tampoco lo es Cristina Kirchner, porque sin el aporte del resto del peronismo representa a menos de un tercio del electorado argentino.

En lo que respecta a la oposición, tampoco está claro quién o quiénes lideran el espacio. Mauricio Macri fue el exponente central desde la conformación de Cambiemos y hasta su salida del poder. Pero la mala gestión que encabezó entre 2015 y 2019 provocó una baja notable de su popularidad y de la imagen ante el electorado independiente. Otros liderazgos han surgido, pero sin la potencia necesaria para que sean considerados indiscutibles en el nuevo contexto de Juntos para el Cambio, como los de Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Gerardo Morales, Alfredo Cornejo o incluso Patricia Bullrich.

Es decir que, luego de muchos años de liderazgos fuertes, la política argentina se caracteriza en este momento por una dispersión del poder entre la dirigencia de las fuerzas con mayor predicamento electoral. Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Néstor y Cristina Kirchner y Mauricio Macri fueron en lo que va del período de la democracia recuperada en 1983, además de presidentes de la Argentina, líderes indiscutidos de sus propios partidos, capaces de traccionar los votos suficientes para ganar elecciones. Eso hoy no sucede. Ningún dirigente es “dueño” de los sufragios para asegurar resultados en los comicios.

Algo similar sucede en Catamarca. El poder del oficialismo tiene en Raúl Jalil, Lucía Corpacci y Gustavo Saadi dirigentes de primera línea. Pero hay un reparto más equitativo que en otros períodos históricos del peronismo, cuando Vicente y Ramón Saadi, Luis Barrionuevo o la propia Corpacci eran los dirigentes con liderazgo indiscutido. En la oposición sucede algo parecido: los liderazgos incipientes como los de Flavio Fama o Francisco Monti contrastan con los fuertes liderazgos de Arnoldo y Oscar Castillo y Eduardo Brizuela del Moral.

Aunque la Argentina es un país que históricamente se ha caracterizado por líderes políticos fuertes, que se adaptan perfectamente al sistema presidencialista, la distribución más equitativa del poder dentro mismo de las principales expresiones políticas no es necesariamente una evidencia de debilidad. Puede ser también una oportunidad para evitar conducciones con rasgos hegemónicos y estructuras partidarias verticales, donde las ideas tengan debates acotados y circunscriptos siempre por la opinión del dirigente de mayor predominio político. Una alternativa, en definitiva, para construir más y mejores consensos que fortalezcan la democracia y eviten la tentación siempre acechante del autoritarismo.

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