jueves 16 de junio de 2022

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Lenguaje inclusivo: una moda que llevó al abismo a la ya frágil situación educativa

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14 de junio de 2022 - 00:10

Empezó casi como una moda, un guiño para querer ser distinto, para sentirse parte de una “orga” y marginar a los que no pensaban igual, pero fue reptando no siempre con sutileza hacia los claustros. Es raro pensar que un docente en vez de ayudar a sus alumnos a ser los mejores, contribuya casi desde lo ideológico a profundizar la crisis educativa, a generar más confusión en la fragilidad del conocimiento.

El lenguaje inclusivo tomaba así cuerpo y dejaba al desnudo la militancia. Porque desde los atriles políticos, cuando había que ganar votos se apelaba al “chiques”, pero cuando se debían tomar decisiones severas, como anunciar el proyecto del nuevo impuesto a la renta inesperada, el “todes” quedaba olvidado en el escritorio oficial y se usaba bien el lenguaje al referirse a los argentinos como “todos y todas”.

Es muy complejo hablar de corrido, ni plantear de escribirlo, y darle una formulación completa de sujeto, verbo y predicado en lenguaje inclusivo a la hora de anunciar cuestiones que afectan la vida de los argentinos. Aunque parece una comedia, la crisis argentina en todos sus ámbitos es muy seria.

Hace casi dos décadas que es palmaria la gravedad del aprendizaje de los argentinos –las pruebas nacionales e internacionales no dejan ya lugar a especulaciones teóricas– y, aunque en los discursos de campaña los políticos gritan y juran que la educación es primordial, no han contribuido de forma contundente a darle el giro que requieren el presente y el futuro.

Para muestra basta recordar al presidente Alberto Fernández el 14 de marzo de 2020. Lo primero que se le ocurrió frente a la llegada de la pandemia de Covid al país fue ordenar el cierre de las escuelas. Y lo hizo sin pronunciar ni un “todes” y con el apoyo de toda la dirigencia política.

Pasado casi un año de escuelas cerradas, y ya con el conocimiento de que más de dos millones de alumnos habían abandonado los estudios, la dirigencia política empezó a sentirse incómoda porque solo un par de distritos peleaba por reabrir las aulas, acuciados por los padres y las madres –no por “les mapadres”– que vivían en carne propia el abismo al que habían llevado a sus hijos las decisiones gubernamentales, que convirtieron a la Argentina en uno de los países con más tiempo sin clases del mundo.

Primero, los chicos argentinos deben aprender a leer y a escribir el idioma español, prepararse para el futuro. Siempre habrá tiempo para inventar un lenguaje de “orga”.

MARÍA ELENA POLACK. PERIODISTA. COLUMNA PUBLICADA EN LA NACIÓN EL 10 DE JUNIO.

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