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Cara y Cruz

Lejos de una espiral virtuosa

6 de mayo de 2024 - 00:00

Los estados subnacionales –provincias y municipios- forman parte del listado de víctimas del ajuste fiscal que el gobierno de Javier Milei viene ejecutando desde diciembre del año pasado. La crisis de las finanzas públicas, que retrotrae a otros momentos de la historia argentina, se explica por la formidable caída de las transferencias nacionales, tanto las automáticas -coparticipación federal- como las no automáticas.

Las transferencias automáticas a provincias cayeron en abril, como consecuencia de la recesión económica, que algunos economistas ya caracterizan como depresión, un 20,6% en forma interanual. En el caso de Catamarca, las no automáticas, es decir, los aportes discrecionales decididos por el Gobierno nacional, prácticamente se extinguieron. En general, contabilizando solo el primer trimestre del año, la provincia recibió un 23,2% menos que en el mismo período del año pasado.

Luego de la salida de la recesión provocada por la pandemia en 2020, las provincias habían logrado en general una estabilidad fiscal. Incluso, entre 2021 y 2023 muchas jurisdicciones, incluida Catamarca, lograron superávits en sus cuentas. Como contrapartida, el déficit fiscal se verificaba en el Estado nacional. Lo que el gobierno de Javier Milei ha generado en sus primeros cinco meses de gestión es trasladar la crisis desde el nivel nacional hacia provincias y municipios. Lo expresó el propio Presidente de la Nación hace algunos días refiriéndose al tratamiento de la Ley Bases en la Cámara de Senadores: “El paquete fiscal lo necesitan las provincias, no la Nación que tiene superávit”.

En este contexto de crecientes dificultades financieras, el Gobierno de Catamarca decidió salir en auxilio de los municipios, en respuesta al pedido colectivo de los intendentes. Como publicó ayer El Ancasti, el martes de la semana pasada se publicó en el Boletín Oficial de la provincia la decisión oficial de distribuir en un solo día más de 870 millones de pesos para 14 municipios. Los decretos dejan constancia que, salvo el caso de la Capital, que recibió fondos para la adquisición de cuatro camiones, el resto de las intendencias utilizarán las partidas para hacer frente a desequilibrios financieros “debido a la disminución de los fondos en concepto de Coparticipación afectando a la situación económica del municipio”. Los fondos, que no son reintegrables, se suman a otras ayudas previas.

Se trata de medidas paliativas cuya viabilidad futura debe ponerse en duda. La disminución de las partidas nacionales, sumada a la caída también de la recaudación propia, enciende luces amarillas sobre las finanzas de la provincia. Los intendentes ya están advertidos de esta situación, que supone que los auxilios financieros no pueden sostenerse indefinidamente. Están obligados a acentuar las medidas de austeridad fiscal, pero éstas también tienen sus límites.

Provincias y municipios están atados a la situación económica nacional. Esta realidad se verifica especialmente en jurisdicciones como Catamarca, que dependen en un alto porcentaje de los recursos federales. La recuperación de la economía no aparece aún en el horizonte nacional. Ése es un problema. Otro es que si esa recuperación finalmente empieza a vislumbrarse, hacia fin de año o principios del que viene, el impacto en los ingresos demorará bastante más, si es que finalmente se produce un efecto “derrame”. La recuperación del poder adquisitivo de los salarios es clave para dinamizar el consumo, que a su vez eleva la recaudación tributaria y ésta gravita positivamente en las transferencias nacionales automáticas.

Pero aún esa espiral virtuosa está lejos.

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