Entre abril y septiembre, cuatro catamarqueñas fueron asesinadas. Dos de ellas vivían en la Capital y las otras dos, en el interior. Estos casos ponen en evidencia que la violencia de género atraviesa todos los territorios y sectores sociales, pero se ensaña especialmente con quienes menos recursos tienen para protegerse.
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La vulnerabilidad también mata a las mujeres catamarqueñas
Dos de ellas eran del interior. Una víctima de la Capital vivía en condiciones de vulnerabilidad extrema.
Los casos de Alicia Suárez, Ramona Antonia Ramos, Micaela Nancy Ybarra y Gladis Guitian forman parte de una estadística dolorosa que refleja la persistencia de la violencia machista en la provincia, pero también exponen las múltiples vulnerabilidades que enfrentan las víctimas. Detrás de cada causa hay una historia.
Tres de ellas eran madres. En tres casos, los acusados son exparejas. Dos causas son investigadas como “femicidio” y en una tercera -la de Salta-, aún no pudo imputarse al sospechoso, quien se encuentra internado en grave estado luego de que intentara suicidarse. Sin embargo, no se descarta que también se lo impute por este mismo agravante. El cuarto caso, si bien se encuentra en investigación, aún no tiene acusados.
Muy vulnerable
El caso de Alicia Suárez, asesinada el 6 de abril en el barrio Altos de Choya de la Capital, pone en evidencia como la vulnerabilidad social multiplica el riesgo para las mujeres. Tenía 40 años, era madre, vivía con adicciones y en condiciones extremadamente precarias. Murió por shock hipovolémico tras recibir heridas cortantes en el cuello. Su pareja, Mario Eduardo Carranza, de 63 años, está detenido con prisión preventiva en el Servicio Penitenciario de Miraflores a la espera del juicio.
La historia de Alicia muestra como la pobreza, las adicciones y la falta de redes de contención pueden convertirse en trampas mortales cuando se suman a la violencia de género. Las mujeres en situación de vulnerabilidad extrema enfrentan mayores obstáculos para acceder al sistema de protección, realizar denuncias o encontrar salidas a relaciones violentas.
Del interior
Ramona Antonia Ramos, de 41 años, era docente en Santa María. El 15 de junio fue atropellada por su ex pareja, Edgar Esteban Chaile, de 39 años, quien conducía una camioneta Toyota Hilux. Murió por shock hipovolémico causado por un trauma toracoabdominal. Chaile está detenido, acusado por “homicidio agravado por el vínculo mediando violencia de género”. Ramona no tenía hijos pero tenía familia en Belén, de donde era oriunda. Era una mujer profesional, con trabajo estable.
Su caso demuestra que la violencia machista no distingue perfiles socioeconómicos ni territorios. El 46% de los femicidios en Catamarca ocurren en el interior –de acuerdo con estadísticas publicadas oportunamente por este diario-, lejos de la mirada pública de la Capital.
Sin sospechosos
Micaela Nancy Ybarra murió el 7 de julio en un incendio en su vivienda, ubicada en las inmediaciones de las calles Maipú norte y Doctor Guzmán Pacheco, en la Capital. La autopsia determinó que falleció por asfixia tras inhalar monóxido de carbono y la investigación determinó que el siniestro fue intencional. Sin embargo, hasta el momento no hay detenidos ni imputados.
Su hija impulsa la querella y exige justicia. La Fiscalía Especializada en Violencia Familiar y de Género solicitó autopsia psicológica y declaraciones de testigos que estuvieron con Nancy horas antes del crimen. El caso permanece abierto y genera incertidumbre, podría tratarse del tercer femicidio –hasta esa fecha-, en Catamarca.
Migrante
Gladis Guitian era oriunda de Santa María, Catamarca, pero fue asesinada por su expareja en El Divisadero, Cafayate, Salta. Su caso refleja otra dimensión del problema: la violencia de género no respeta jurisdicciones. Las mujeres que migran por trabajo, por amor o buscando mejores oportunidades pueden encontrarse aisladas, lejos de sus redes familiares y comunitarias. Esto aumenta su vulnerabilidad frente a parejas violentas.
El vínculo que mata
Un denominador común atraviesa al menos a tres casos: los femicidas fueron parejas o ex parejas de las víctimas. Esto confirma el patrón que se repite a nivel nacional: el hogar y las relaciones de intimidad son los espacios más peligrosos para las mujeres.
El fin de una relación, lejos de ser una salida, suele ser el momento de mayor riesgo. De los cuatro casos, dos tienen acusados detenidos con prisión preventiva, uno tiene un responsable identificado pero internado con pronóstico reservado y uno permanece sin sospechosos.
Huérfanos de madre
Tres de las cuatro víctimas eran madres. Solo Ramona Ramos no tenía hijos. Los hijos de Alicia Suárez quedaron institucionalizados tras su muerte.
La hija de Nancy Ybarra busca justicia para su madre. Detrás de cada femicidio no solo hay una vida arrebatada, sino familias destrozadas, infancias truncadas, hijos que cargan con el peso de crecer sin sus madres y con el trauma de la violencia.
Ayuda
Teléfonos
En situaciones de violencia, el SAE 911 y la Línea 144 funcionan las 24 horas, todos los días del año.
¿Dónde denunciar?
Unidad Judicial Especial de Violencia Familiar y de Género Capital: Esquiú 315 Valle Viejo: Félix Placita 155.
Fiscalía General: Roca 50, Capital.
Juzgados de Familia: Av. Juan de Almonacid 1439, Capital.
En el interior: cualquier comisaría o Juzgado de Paz.
Catamarca y el contexto de 181 víctimas en Argentina
Los cuatro crímenes de mujeres catamarqueñas en 2025 no son casos aislados ni casualidades trágicas. Son parte de una realidad nacional que dejó 181 víctimas en nueve meses y expone patrones que se repiten con escalofriante precisión: el agresor suele ser la pareja o expareja, el hogar es el lugar más peligroso y el Estado no siempre da respuesta.
Desde el 1 de enero al 30 de septiembre de 2025, Argentina registró 167 femicidios y vinculados de mujeres y niñas, 1 lesbicidio, 1 transfemicidio y 12 femicidios vinculados de varones adultos y niños, según el Observatorio de Femicidios en Argentina "Adriana Marisel Zambrano" que dirige La Casa del Encuentro. En total, 181 vidas arrebatadas por la violencia machista en apenas nueve meses.
Detrás de cada número, una historia. Detrás de cada historia, una familia destrozada: 166 hijos quedaron sin madre, y el 52% de ellos son muy pequeños. Niños y niñas que crecerán con las secuelas de la violencia y con la ausencia irreparable.
Los casos de Alicia Suárez, Ramona Ramos, Nancy Ybarra y Gladis Guitian en Catamarca tienen los mismos patrones que atraviesan todo el país. Uno de estos es el vínculo que mata. A nivel nacional, el 59% de los agresores eran parejas o ex parejas de las víctimas. En Catamarca, al menos tres de los casos identificados responden exactamente al mismo patrón. Mario Carranza era pareja de Alicia; Edgar Chaile era ex pareja de Ramona y Omar Chachagua, la ex pareja de Gladis, la asesinó en Salta.
El hogar es como un campo de batalla. El 63% de las víctimas a nivel nacional fueron asesinadas en su vivienda o en la vivienda compartida con el agresor. El lugar que debería ser refugio se transformó en escenario del crimen. Alicia murió en su casa del barrio Altos de Choya. Nancy murió quemada en su vivienda. El hogar es en realidad el lugar más inseguro para una mujer en situación de violencia. En el país, 166 hijos quedaron sin madre en estos nueve meses. En Catamarca, tres de las cuatro víctimas eran madres.
Mapa nacional
Si bien los femicidios abarcan todo el territorio nacional, en términos absolutos, Buenos Aires sigue siendo la provincia con más casos, seguida por Santa Fe, Córdoba y Chaco. Catamarca, con sus cuatro casos en seis meses, forma parte de esta geografía del horror que no distingue provincias grandes o pequeñas, urbanas o rurales, del norte o del sur.
Lo que sí distingue es la vulnerabilidad. El informe nacional menciona "vulnerabilidad, pobreza, desocupación, precarización de la vida" como contextos que multiplican el riesgo. El caso de Alicia Suárez en Catamarca es un ejemplo brutal de esta intersección: mujer, pobre, con problemas de adicción, viviendo en condiciones extremadamente precarias. La violencia de género se ensaña especialmente con quienes menos recursos tienen para protegerse.
Variable invisible
Desde 2023 hasta septiembre de 2025, el Observatorio registró 70 mujeres asesinadas en contexto de narcocriminalidad. El narcotráfico es un delito complejo que debe analizarse con perspectiva de género: las redes narco utilizan a las mujeres como objetos para sus propósitos, hasta la muerte misma.
Esta variable no suele aparecer en las primeras coberturas mediáticas de los femicidios, pero es crucial para entender la magnitud del problema. Las mujeres son usadas como moneda de cambio, como venganza, como mensajes entre bandas. Sus cuerpos se transforman en campos de batalla de una guerra que no eligieron.