lunes 16 de mayo de 2022

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Editorial

La universidad y su zona de confort

Son hasta el momento cinco las universidades nacionales que exigirán...

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28 de enero de 2022 - 02:10

Son hasta el momento cinco las universidades nacionales que exigirán el pase sanitario para poder participar de clases presenciales y otras actividades a partir de febrero. Es decir, profesores y alumnos deberán presentar constancia de que tienen al menos dos dosis de las vacunas contra el Covid-19 o algún certificado médico que justifique por qué razón no se han inoculado. La Universidad Nacional de Catamarca no se ha pronunciado al respecto, pero se estima que no se sumará a esa iniciativa. Será un paso más en el camino de construcción de una nueva normalidad, en la que confluyen instancias de virtualidad y presencialidad.

Las universidades prácticamente renunciaron a la presencialidad, salvo algunas pocas excepciones, desde que se declaró la pandemia, y aun en el segundo semestre del año pasado, cuando los casos de coronavirus habían bajado sustancialmente, la inmensa mayoría de las actividades –clases, conferencias, conversatorios, exámenes- siguieron transitando el camino de la virtualidad. La UNCA fue un caso muy evidente de esta actitud en un contexto de recambio de autoridades que no fue el más apropiado para tomar decisiones tendientes a reabrir las aulas. No lo hizo el rector saliente, ocupado en su candidatura a senador nacional, ni tampoco el entrante, que prácticamente puso el piloto automático desde que se hizo cargo de la conducción hasta la finalización, en diciembre, de todas las actividades de rutina.

Es cierto que, dentro de las instituciones educativas, las casas de altos estudios han sido las que mejor y más rápidamente se adaptaron a la virtualidad, pero la vuelta a la presencialidad, luego de casi dos años de pandemia, es una necesidad que ya casi nadie discute.

La vida en las universidades se nutre no solo de la instrucción formal, es decir, el aprendizaje de contenidos a través de instancias que pueden ser virtuales o presenciales, sino también de las vivencias que surgen de los intercambio de experiencias, de la interacción entre estudiantes y entre estudiantes y docentes. Y estos intercambios y esta interacción, que contribuyen también a la formación de los actores universitarios, se logra básicamente mediante la presencialidad.

La pandemia ha venido a forzar una reconfiguración de la vida cotidiana. También en las universidades. Las instancias virtuales deben sumar calidad y posibilidad -de la mano de las nuevas tecnologías, que deben ser democratizadas- de interacción a la distancia para el intercambio de conocimiento y experiencias. Pero la renuncia a la presencialidad cuando pueden establecerse protocolos preventivos eficaces, ha sido consecuencia en muchos casos de posturas más relacionadas con la comodidad que con un afán de cuidado de la salud pública. Las universidades deberán, como el resto de las instituciones de la sociedad, asumir la nueva normalidad, abandonando la nueva zona de confort instalada a partir de marzo de 2020.

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