martes 14 de junio de 2022

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Mirador Político

La Patria incompetente

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12 de junio de 2022 - 01:20

La insistente promoción marca al Corredor Bioceánico como uno de los proyectos más esperanzadores para el norte argentino. Se trata de un complejo de obras de infraestructura que conectaría a toda la región con el Brasil, en occidente y los puertos chilenos para dirigirse hacia los mercados orientales: un potencial de progreso que justifica todos los esfuerzos tendientes a concretarlo. Los pedidos para que la Casa Rosada contribuya a su financiamiento integran invariablemente la agenda de las reuniones de los diez gobernadores del Norte Grande.

Acontecimientos recientes indican, sin embargo, que la buena voluntad del Gobierno federal, que los mandatarios peronistas no se cansan de ratificar pese a las evidencias en contrario, resultaría insuficiente, aún en el caso de que los recursos económicos para avanzar en tan estratégica propuesta estuvieran disponibles. Antes habría que salvar el obstáculo de la incompetencia del Estado para llevar adelante cualquier proyecto de mediana complejidad, incluso si de él depende su propia subsistencia.

El escándalo por el Gasoducto Néstor Kirchner desnudó con toda crudeza al Estado fallido. Para decirlo sencillamente: la Argentina tiene en Vaca Muerta una garrafa con gas suficiente para autoabastecerse y vender al exterior, pero sus administradores no están en condiciones de ponerle una manguera. Por el “internismo exasperante” y paralizador que denunció el exministro de Producción Matías Kulfas al dejar su puesto, la angurria de las corruptelas, la rigidez y el anacronismo ideológicos, la mera desidia, la ineptitud, los celos facciosos, iniciar el tendido de un caño desde Neuquén hacia Buenos Aires se ha tornado de repente imposible.

Cierto es que no se trata de cualquier caño, pero aún así. Especialistas de ambas riberas de la fractura han coincidido en señalar que el ruido político en torno a la obra carece de sustento técnico. O, en otras palabras, que los políticos, tan devaluados como desesperados por extraer réditos electorales y de los otros de cualquier episodio, hablan sin saber, sin informarse y retroalimentan de este modo el circuito tóxico de la confusión.

La bomba fue detonada por la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, en el acto por el centenario de la arruinada YPF. No podría haber elegido escenario más adecuado para aportar a las revelaciones de la decadencia.

Le ordenó allí al presidente Alberto Fernández que “use la lapicera” para obligar al holding Techint, único oferente de la licitación para el gasoducto Kirchner, a hacer las chapas para los caños en la Argentina en lugar de comprárselas a una empresa radicada en Brasil, de la que es socio.

Caprichos ideológicos

Las chapas adecuadas para el gasoducto tienen características muy específicas, distintas a las de otros gasoductos. No se fabrican en el país, de manera que cumplir los deseos de Cristina requeriría que Techint adquiera una laminadora, que tiene costos multimillonarios, para hacer los tubos de una sola obra. Absurdo.

Kulfas respondió de inmediato, en clave interna. Dijo que la lapicera, en todo caso, había sido malversada por los administradores de la empresa Energía Argentina, que forman en el cristinismo y habrían diseñado las licitaciones a la medida de Techint. Tales apreciaciones le costaron el cargo, pero bastaron para abrir el frente judicial con el tema predilecto de la oposición para desacreditar al kirchnerismo, que es la corrupción genética, por si hace falta aclararlo.

El expediente está a cargo del juez federal Daniel Rafecas.

Como es habitual, comienza a tejerse en torno a la causa una trama enrevesada de versiones, sospechas, conjeturas, de las que no es posible extraer nada concreto salvo una cosa: el gasoducto, que iba a estar para mediados del año que viene, que es urgente, cuya provisión representaría un alivio significativo para un país que gasta miles de millones de dólares para importar gas, no puede iniciarse.

Confusiones

Paolo Rocca, propietario de Techint, integra el parnaso de enemigos de la Patria dilectos del ultracristinismo. Ocurre que, se haya o no direccionado la licitación, no hay demasiadas empresas argentinas con la capacidad para hacer un gasoducto de la talla del Néstor Kirchner y Techint cuenta, aparte, con una dilatada experiencia internacional al respecto.

Es improbable que el detalle se le escapara a Cristina y sus asesores. Los objetores del cristinismo dicen que pretende meter firmas afines en el negocio. Vaya a saberse.

Mientras estos fascinantes detalles se dirimen, la Argentina profundiza su dependencia energética a pesar de poseer Vaca Muerta porque su dirigencia es incapaz de ponerse de acuerdo para hacer un caño. Toda una postal de la condición fallida del Estado y la degradación.

Completan el desolador panorama las declaraciones del exministro de Energía macrista Juan José Aranguren, otro miembro del empresariado apátrida. Acusó a sus propios correligionarios de ignorantes por haber denunciado posibles infracciones éticas en los procesos de adjudicación del gasoducto. “Confunden caño con diámetro”, señaló, hiriente.

Oficialistas y opositores, entonces, comparten inoperancia, improvisación, irresponsabilidad.

La Patria incompetente. Si no puede hacer un gasoducto, qué puede esperarse de corredores bioceánicos.

Ahí está la represa hidroeléctrica de Potrero del Clavillo si no, parada desde 1975, invariablemente incluida en los Presupuestos nacionales, sistemáticamente prometida, como otro símbolo y explicación del fracaso colectivo.

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