Uno de los problemas ambientales más grave, no derivado del calentamiento global, es el de la proliferación de plástico en el planeta. Un informe recientemente publicado, elaborado por la Fundación Ellen MacArthur, indica que, de seguir la actual tendencia, en el año 2050 habrá en los mares y océanos más plásticos que peces. Y aunque el impacto sobre la fauna marina sea más severo, el plástico representa una amenaza en todo el planeta, obviamente afuera del agua también.
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La invasión del plástico
Cada minuto se venden en el mundo más de un millón de botellas de ese material y la mayoría de ellas termina como desperdicio en el suelo, los ríos, los lagos o los mares. Según las Naciones Unidas, cada año se vierten en los mares once toneladas de plástico.
Para combatir este flagelo se pueden implementar estrategias voluntaristas u otras más de tipo estructural. Las primeras dependen de la buena voluntad de los gobiernos, empresas o ciudadanos. Las de tipo estructural apuntan a regulaciones a través de normas que obliguen a la reducción en la utilización del material o su reutilización o reciclado mediante técnicas apropiadas.
La separación de residuos para el reciclado es un recurso en crecimiento, pero choca contra la ausencia de la información adecuada, la falta de costumbre y la desidia. En Argentina se estima que cada persona utiliza 45 kilos de plástico por año y sólo el 9% de este material se recicla.
Por otro lado, hay empresas que han asumido un compromiso ambiental que, además de evitar que toneladas de plásticos se vuelquen en tierra y agua, tienen el mérito de funcionar de manera simbólica para producir un efecto contagio.
Un informe elaborado por la agencia Télam recopila experiencias de ese tipo. Por ejemplo, la compañía Natura se comprometió a recuperar las toneladas equivalentes de envases y embalajes que comercializan. En 2022 superó ese desafío al alcanzar el 211,44% del material generado pos consumo, lo que equivalió a más de 3.499 toneladas de residuos. Por su parte, la empresa Interpack evitó la producción de siete toneladas de plástico con el desarrollo de envases y cucharas de cartulina y microcorrugado, tras comercializar el año pasado 40 millones de envases genéricos para productos gastronómicos y 2,3 millones de cucharas sustentables.
A estos dos ejemplos se suman los esfuerzos de organizaciones de la sociedad civil que trabajan también en tareas de reutilización y reciclado.
Pero si bien son experiencias que deben valorarse, es preciso también establecer regulaciones concretas. Desde el año pasado tiene estado parlamentario en el Congreso de la Nación un proyecto de ley de envases que pretende fomentar la reutilización y el reciclado de los plásticos, con la idea de cobrar una tasa del 3% para financiar estos procesos, o bien que las empresas desarrollen sus propios mecanismos y eviten el impuesto. La iniciativa aún no fue tratada, pero constituye una herramienta para que la estrategia de frenar la invasión del plástico en el ambiente adquiera carácter institucional y no sea solamente el resultado de iniciativas aisladas y guiadas por la buena voluntad.