lunes 20 de mayo de 2024
Cara y Cruz

La encerrona fiscal

Mientras la recaudación de los impuestos que se coparticipan con las provincias cayó en marzo un 23% en términos reales, la de los que la Nación embucha íntegros lo hizo solo 9%.

Esta asimetría en el esfuerzo fiscal que solventa el ajuste es el nervio de la discusión con los gobernadores que el presidente Javier Milei pretende coronar con la sanción de la versión abreviada de su Ley Bases y el Pacto de Mayo. En esa mesa comienzan a cobrar volumen las dudas sobre la consistencia del programa aplicado por el ministro de Economía Luis “Toto” Caputo para sostener el superávit financiero en el primer tramo de la gestión Milei, que espejan las planteadas por el FMI.

Son reservas razonables. El desequilibrio en los desplomes recaudatorios obedece sobre todo a las fortísimas caídas del IVA, debida al retroceso del consumo y la recesión, y Ganancias, que obedecen a la reducción de la base de contribuyentes por los cambios introducidos en la campaña electoral por Sergio Massa.

El único alivio que la Nación ofrece a cambio del apoyo a la Ley Bases es reinstaurar Ganancias, que grava ingresos y algunos gobernadores consideran inconveniente, pero no atiende el frente más crítico para todas las provincias, que el del IVA, que grava el consumo y del que no pueden esperarse repuntes mientras la economía no se reactive. La caída interanual real del IVA en marzo fue de entre el 18 y el 19%. El 89% de este impuesto va a las provincias.

Ganancias cayó más, 40%, y se coparticipa en su totalidad, pero la recaudación es mucho menor a la del IVA, de modo que la eventual reposición de Ganancias no alcanza a compensar las pérdidas que experimentaron las jurisdicciones provinciales, afectadas además por la anulación de las transferencias no automáticas del Tesoro Nacional.

El punto central para las provincias, de tal manera, no está en Ganancias, sino en el IVA. Y la recuperación del IVA depende de una reactivación económica de advenimiento incierto. Los tarifazos en el gas y la energía eléctrica para los usuarios residenciales, que se postergaron para evitar que la inflación de marzo se disparara, serán otro golpe al bolsillo.

En contrapartida, los dos únicos impuestos que incrementaron su recaudación en marzo fueron el PAIS, que grava la compra de divisas y los derechos de exportación (retenciones), que no se reparten a las provincias.

Si se calcula una inflación del 13%, la recaudación total en marzo cayó alrededor de 16% en términos reales. Pero el ingreso por el impuesto PAIS aumentó 320%, porque Milei subió la alícuota del 7 al 17,5% apenas asumió, y retenciones crecieron 63% por la mejora en el tipo de cambio.

La Nación se fondea así por dos bocas: la devaluación y la aplicación implacable de la motosierra sobre las transferencias a las provincias. Pero las provincias no tienen más recurso para resistir que podar gastos que incluyen el pago de salarios y de funcionamiento del sector público.

Tal esquema se torna más inquietante cuando se advierte que Nación no ha tomado una sola medida tendiente a estimular la reactivación de la economía, confiada que se cumplirá el esquema gráfico de la “v” corta: caída hasta el fondo y rebote automático.

Las razones que justifican esta confianza configuran un interrogante.

El otro tiene que ver con el tiempo: ¿cuándo se produciría el milagro? Que repunten los impuestos coparticipables depende de que ocurra.

Milei reclama a los gobernadores que ajusten en la misma medida que él, pero omite un detalle.

El ajuste nacional más crudo fue por la licuación de las jubilaciones y la interrupción de los giros a los distritos subnacionales.

Tal vez las provincias puedan ajustar más, pero hay un recorte que ya las obligaron a hacer, al margen de la voluntad de sus mandatarios.

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