jueves 2 de abril de 2026
Editorial

La brecha se ensancha

Al mundo le cuesta salir de la profunda crisis económica generada por la pandemia de COVID-19, que en algunos casos, como en la Argentina, se superpone a otras inherentes a la situación de los propios países, al margen de la coyuntura sanitaria.

Pero en esta crisis, como en casi todas las crisis, no todos los actores económicos de la sociedad pierden: algunos salen ganando, y al cabo de un tiempo son más ricos que lo que eran cuando el nuevo virus se detectó en China a fines de 2019. De modo que asistimos a nivel global a un ensanchamiento de la brecha entre ricos y pobres, en un contexto en que los ricos más ricos son cada vez menos, y los pobres más pobres son cada vez más.

Según un informe sobre desigualdad mundial elaborado por el World Inequality Lab (WIL), y dirigido por el economista francés Thomas Piketty y un grupo de más de 100 investigadores de todo el mundo, “2020 marcó el aumento más pronunciado registrado en la participación de los multimillonarios en la riqueza del mundo”.

Argentina ha sido históricamente un país en donde la desigualdad no es tan manifiesta como en otros países de América Latina, especialmente Chile y Brasil, los más desiguales. Y si bien esa tendencia se mantiene, también hay que decir que en estos últimos dos años la inequidad aumentó. Según el informe mencionado, en nuestro país el 10 por ciento más rico retiene aproximadamente el 40 por ciento del ingreso nacional total. El promedio de América Latina para esta ecuación es del 55 por ciento. Y aunque Argentina tenga mejores números, la desigualdad también creció en una proporción similar al de los países de la región.

A nivel mundial, el 10 por ciento más rico se apropia del 52 por ciento del ingreso total, mientras que la mitad más pobre de la población gana el 8,5 por ciento, sostiene el informe: pero más grave aún que la desigualdad en la distribución del ingreso es la desigualdad en la distribución de la riqueza: la mitad más pobre de la población del mundo posee solamente el 2 por ciento del total de la riqueza, mientras que el 10 por ciento más rico es dueña del 76% de toda la riqueza.

Volviendo a la situación argentina, el trabajo del World Inequality Lab marca una desigualdad de género. Sostiene que la participación del trabajo femenino en el ingreso es de 37 por ciento, por encima del promedio latinoamericano (35 por ciento).

Los autores del estudio proponen como un modo de frenar, primero, y de revertir, después, este proceso de distribución regresiva del ingreso y la riqueza, la aplicación de políticas fiscales progresivas, es decir, que grave por ejemplo el patrimonio de los multimillonarios, similar al aplicado en Argentina con el impuesto a las grandes fortunas. Un impuesto modesto, dice el informe, les generaría a los gobiernos ingresos del orden del 1,6 por ciento de sus recursos globales, que podría reorientarse a la salud y la educación pública, a la transición ecológica y a la asistencia y promoción de los sectores sociales más vulnerables.

Por cierto, las conclusiones del estudio no son más que propuestas. La aplicación de una política tributaria progresiva es una decisión política que se dirime en la puja de poder dentro de cada país y en el concierto global también.

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