domingo 26 de junio de 2022

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Cara y Cruz

Intérpretes de la agenda

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11 de junio de 2022 - 01:10

La pobre diputada nacional Anahí Costa fue blanco de burlas por sostener disciplinadamente los argumentos seleccionados por su facción, el Frente de Todos, para oponerse a la boleta única.

El asunto no forma parte de “la agenda de la gente”, dijo, como todos sus compañeros, si bien con añadidos menos exagerados que señalar la falta de público en el recinto como prueba de indiferencia social, o pintar a los catamarqueños poco menos que como gente tan desesperada por planes de empleo, bolsones y dádivas que no le queda energía para pensar en otra cosa.

Los desinformados le marcaron a Costa como una contradicción que resista la boleta única pero haya propuesto que se declare de interés la Fiesta del Poncho, evento de singular importancia para los catamarqueños, generador de trabajo y recursos y único festival de invierno del país. Una demostración de ignorancia supina.

Emulando las desmesuras de sus detractores, la diputada atribuyó esta subestimación del Poncho a una campaña contra Catamarca, línea que fue seguida por otros como el diputado provincial Juan Denett, que se despachó con una convocatoria a publicar fotos emponchados para responder el agravio a la catamarqueñidad del porteñaje apátrida.

Así podría continuarse con las intrascendencias hasta el infinito. Lo más probable es que alguien, ignorante o apurado, no encontrara nada mejor para objetar y tratar de ridiculizar el rechazo a la boleta única y Costa cayó en la volteada como podría haberle ocurrido a cualquiera.

Una estupidez, en definitiva, a la que se atribuyó una importancia de la que carece y que podría haberse resuelto con humor y elegancia mandándole un par de invitaciones a los incapaces de ver más allá de sus pupos, sin tantas alharacas al cuete. Hasta como publicidad vino bien.

Al margen de la opinión que se tenga sobre las apreciaciones de Costa, ha de convenirse que el justificativo elegido por el oficialismo para rechazar la boleta única no fue el más adecuado. Tampoco la Corte Suprema de 25 miembros es requerida por las muchedumbres y los gobernadores la promueven lo mismo con tal de satisfacer al Gobierno nacional, en especial a la vicepresidenta Cristina Kirchner, cuya agenda suele ser, para los oficialistas, más imperiosa que la de la difusa “gente”.

Es probable que “la gente” esté más urgida por la inflación, por ejemplo, que por la boleta única o la Corte de los 25. O por las dificultades para acceder a un trabajo digno.

La sobreactuación de las nimiedades es un mecanismo de defensa que la política usa para tratar de disimular su fracaso.

Entiéndase bien: no es que la boleta única no sea importante. Seguramente lo es, pero de ningún modo puede considerarse urgente, de modo que es un tema ideal para abordar con serenidad y sensatez.

En cuanto se aparta la hojarasca de las bullas se advierte que la oposición logró sacar la iniciativa en Diputados solo para que sea cajoneada en el Senado, donde el oficialismo está en condiciones de trabar el tratamiento. ¿Cuál era el apuro, por qué la ansiedad?

Pura demagogia, igual que la Corte de los 25 que la Casa Rosada disfraza de federal, o las compadreadas del presidente Alberto Fernández en la Cumbre de las Américas.

El centralismo que ridiculiza un proyecto de declaración de la Fiesta del Poncho está enredado por estas horas en una discusión por la prohibición del lenguaje inclusivo en las escuelas porteñas, asunto que deben considerar parte de la famosa “agenda de la gente”. Que la mayor parte de los alumnos salgan del secundario sin poder entender un texto de mediana complejidad no provoca aflicciones tan estruendosas.

¿A quién le importa? La gente asiste a estas imposturas de los intérpretes de su agenda resignada a una institucionalidad grotesca, a un Estado fallido que no se revertirá con Cortes multitudinarias, ni boletas únicas, ni, por cierto, hipersensibilidades heridas ante lo que cualquier gilastro mete a circular por las redes sociales.n

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